Santa Rosa del Conlara - Merlo

Desde San Luis nos dirigimos a Merlo, que tampoco sale en nuestra guía, pero nos hablaron tan bien de ese lugar que decidimos que no nos lo podíamos perder.

En un corto trayecto en bus de solo 4 horas, nos plantamos en la estación de buses de Merlo, a la falda de las Sierras de los Comechingones. Nos pareció que estaba todo muy animado y había mucho movimiento de personas, tanto nacionales como extranjeros. Y claro, uno de los inconvenientes de viajar como lo hacemos nosotros, es decir, sin planificar puede dar lugar a momentos como el que nos tocó vivir.

Lo primero que hicimos fue dirigirnos hacia la Oficina de Turismo para que nos informaran sobre qué había de interesante en el lugar y obtener un mapa. Sabíamos que valía la pena ir, pero no teníamos más detalles. Nuestra sorpresa fue que tuvimos que hacer cola para que nos atendieran. ¡Estaba lleno de gente! Nos sorprendió porque no solemos coincidir con la multitudes, pero claro en alguna parte nos tenía que tocar la tan temida temporada alta.

No solo era fin de semana, si no que además los argentinos estaban disfrutando de las vacaciones de verano y resulta que Merlo es un destino muy muy turístico. Tanto así que todos los alojamientos (de los que entraban en nuestro presupuesto) estaban llenos. Conseguimos darle algo de penita a quien nos atendió y, aunque le costó, nos recomendó un balneario en la vecina localidad de Santa Rosa del Conlara.

San Luis

Nos despedimos de Mendoza y nos dispusimos a continuar investigando tierras argentinas, en esta ocasión por el centro del país. Como las distancias son largas y no teníamos un itinerario determinado, mandamos una solicitud de alojamiento a través de Couchsurfing (plataforma que ya usábamos antes de empezar el viaje, mediante la cual ofrecíamos alojamiento) a Alejandro, en San Luís. Decidimos que, si teníamos un sitio donde dormir, pararíamos y, en caso contrario, continuaríamos hasta el siguiente destino. Y es que San Luís no sale en nuestra guía, por lo que era todo un misterio.

Centro

Nueva York en el centro de Argentina

Mendoza

Después de un breve paréntesis de un mes en Santiago de Chile donde, además de descubrir parte de su historia, el centro y otros barrios de la ciudad, pasamos fin de año, retomamos cargados de energía nuestro maravilloso viaje y nos pusimos rumbo a... ¡Argentina! El norte nos dejó un muy buen recuerdo, así que empezamos este nuevo tramo con muchas ganas.

El bus que tomamos en Santiago nos dejó en Mendoza a las tantas de la madrugada. Generalmente intentamos evitar llegar a según qué horas porque en algunos alojamientos nos ha pasado que consideran que esa hora corresponde a la noche en curso, es decir, como si hubiéramos llegado el día anterior. Las 4am es una hora muy rara para hacer un check-in... técnicamente ya es un nuevo día, pero cada cual tiene su criterio. Por eso es mejor aclararlo antes de dejar las mochilas.

En este caso, no tuvimos alternativa ya que los buses de Santiago a Mendoza solo circulaban por la noche y en sentido opuesto por la mañana. Al parecer unos días antes hubo un accidente y solo se podía cruzar en una dirección por cada tramo horario.

En cuanto nos bajamos del bus, sin tener muy claro qué hacer, se nos acercó un chico que nos ofreció un alojamiento bastante económico. Como estábamos cansados del trayecto, accedimos a ir a verlo. Era un hostel y la habitación compartida, pero como no había tanta gente nos quedamos solos. Nos pareció un poco cutre pero como era de noche y estaba tan oscuro, no lo vimos tanto como era en realidad. No nos gustó nada. Nos cobraron la noche y no nos querían dar el desayuno que estaba incluido.

Arderás en el mar de la noche - Verbena de San Juan

Las tradiciones tienen ese ingrediente misterioso que impide recordar la fecha exacta en que las empezaste a seguir, esa ocasión que hace que ese hecho singular se vaya a convertir en tradición y se vaya a repetir cada equis tiempo.

Ése es el caso de la noche de San Juan. Existe un recuerdo en el fondo de la memoria de fogatas encendidas en la esquina de casa, ruidos atronadores y luces decorando el negro cielo nocturno. Pasear de la mano de nuestros padres y, sobre todo, trasnochar para ver las hogueras y disfrutar del ambiente festivo son sensaciones que no se nos olvidan y que cada año salen a relucir por estas fechas. Sí, algo así como la Navidad.

Hacía muchos años que no vivíamos en Barcelona y no teníamos muy claro qué queríamos hacer, así que decidimos rememorar nuestra vida de viajeros y celebrar esta festividad como lo hubiéramos hecho de tratarse de una fiesta tradicional en una ciudad lejana. Para la “revetlla de Sant Joan” (la verbena) hay celebraciones en cada barrio, música, hogueras (a día de hoy controladas, se terminó el que cada uno queme lo que quiera donde quiera), etc. En definitiva, que hay un sinfín de alternativas.

Dudábamos entre varios planes que parecían atractivos, pero al final nos decantamos por lo tradicional: la playa. Nos subimos al metro y, al hacer cambio a la línea amarilla (la que va al mar), nos encontramos con el andén lleno. No somos muy amigos de las grandes multitudes, pero conseguimos ir relativamente cómodos… de pie, pero sin gente apoyada en nosotros ni brazos aplastándonos la cara.