Travesía por el Amazonas brasileño hasta Manaos

Tabatinga

Después de varios días en la triple frontera Perú-Colombia-Brasil, fuimos a comprar el pasaje para ir, en barco, a Manaos. No salían todos los días, así que nos tocó esperar algún día más.

Nosotros nos alojábamos en Leticia, ciudad colombiana fronteriza con Tabatinga, desde donde salía el barco, porque nos dijeron que era más económico que alojarse en su vecina ciudad brasileña. Así que el día de nuestra partida, solicitamos un moto-taxi para que nos llevara al embarcadero. Debéis aseguraros bien desde dónde sale el barco, porque nosotros le comentamos al taxista y nos llevó a otro lado, asegurando que estábamos equivocados... le tocó hacer más trayecto por no hacernos caso y el precio se mantuvo porque él se había equivocado.

Pescador en el Amazonas a bordo de su peque-peque

Llegamos al embarcadero, nos registraron y nos dieron un número, con él debíamos presentarnos al registro de equipaje por parte de la policía federal. Nos sentamos y dejamos las mochilas en una cola que se estaba formando frente a la puerta de acceso al embarcadero. El orden es según la llegada, no por el orden en que se dejen las maletas en la fila. Nos habían dicho que el primer día no ofrecían almuerzo, así que debías llevarlo tú; nosotros preparamos unas lentejas el día anterior y, como había carteles grandes prohibiendo el embarque de alimentos, almorzamos a las 11h. Almorzamos rápido porque debíamos empezar a embarcar a las 11.30h, así que nos comimos la mitad de las lentejas y tiramos el resto... Eso nos pasa por ingenuos, pues luego comprobamos que la gran mayoría llevaban su comida y se la comieron en el barco. De hecho, en el mismo cartel se prohibía la entrada de animales y en el barco había un conejo.

Quizá pensáis que es fácil entrar un conejo en un barco, en su enorme jaula, pero teniendo en cuenta que la policía federal revisa con lupa los pasaportes para comprobar que está todo en orden (sello, como mínimo) y revisan todo el equipaje (abren las maletas, mochilas, bolsas, etc) y a algunas personas las cachean... pues parece que son algo laxos con las restricciones.

Camarotes de "primera" clase, tan cerca, tan lejos...
Desde que fuimos a comprar el pasaje, notamos la enorme diferencia con su vecino, Perú, donde en este tipo de transporte reina el caos. Aquí, en Brasil, estaba todo muy bien organizado, empezando porque sabíamos a qué hora salía el barco y se cumplió.

Queríamos hacer lo mismo que en el primer barco que tomamos: reservar una cama en un camarote y colgar solo una hamaca. No fue posible porque no se podía alquilar solo una cama, debía ser el camarote completo (tienen aire acondicionado y un pequeño balconcito) y eso sale por casi un riñón. Así que nos tuvimos que conformar con colgar las dos hamacas.

Travesía por el Amazonas brasileño

Fue una grata sorpresa comprobar que todos eran brasileños, salvo nosotros, una familia de colombianos, un chico peruano y alguno más. Nos encantó sentir que no era algo turístico y que es su medio de transporte normal. Nos habían dicho que los brasileños son muy escandalosos, así que íbamos preparados para una fiesta de 5 días. Todo lo contrario, los únicos que eran realmente pesados y ruidosos, fueron los colombianos que, además, tenían unos niños horriblemente pesados que corrían por todo el barco, gritando y moviendo las hamacas.

Subimos al barco de los primeros, así que pudimos estudiar bien el espacio y elegir dónde colgar las hamacas. Decidimos ponernos pegados a una columna, para poder atar las mochilas con las cadenas y así poder pasear tranquilamente por el barco. Dejamos un espacio adecuado entre la hamaca de Oscar y la columna, para que se pudiera mover pero no lo suficiente como para que se metiera alguien. Al lado estaba la de Javita. Al poco de partir el barco, un hombre instaló su hamaca a unos 40 cm de Javita, por encima. Así que cuando él se movía, chocaba con la de ella. Lo asombroso es que justo donde estábamos nosotros había más hamacas por metro cuadrado que en el resto del barco. Todo un misterio. Esta persona estuvo, como mucho, un par de días y resultó ser muy agradable, hasta nos regaló un par de paquetes de castanhas do Pará, que por lo que nos contaron después, resultó ser de las más caras que hay en Brasil. Caras o no, ¡riquísimas!
Una de las muchas increibles puestas de sol en el Amazonas

En una de las paradas, por la noche, de repente Javita despertó por una patada en la cabeza. No sabemos en qué momento subió tanta gente ni porqué todos decidieron ponerse donde estábamos nosotros. De hecho, desde nuestras hamacas, veíamos espacios libres repartidos a lo largo del barco. Un chico se puso con los pies a mi cabeza, por encima, y su amigo entre nosotros.

En fin, decidimos intercambiar lugares y que Javita se quedara entre la columna y la hamaca de Oscar. A la noche siguiente, esos dos invasores se cambiaron de lugar. Con esto, queremos decir que no os relajéis si veis que hay espacios libres lejos de vosotros, porque eso no significa que los vayan a ocupar. Es parecido a cuando ves que toda la gente hace la misma fila, habiendo una al lado con pocas personas, o cuando pones la toalla en la playa y, en un segundo, tienes otras pegadas,... La mente humana es todo un misterio.

No teniamos mucho espacio pero tampoco nos hacia falta mas.
Seguramente fue un error de novatos comprar unas hamacas pequeñas, no muy pesadas, pensando más en lo práctico que en lo útil. Parecíamos mendigos con nuestras hamacas pequeñas y cutres, en comparación con las de lujo que llevan ellos, de dos plazas, con flecos y colores bonitos. Bueno, en la de Oscar, si nos lo montábamos bien, cabíamos los dos... sin movernos mucho, claro.

Nosotros teníamos nuestras mochilas cerradas con candados y atadas entre ellas alrededor de la columna, con más miedo a que nos metieran algo de a que nos lo quitaran. Es una zona de paso de drogas, por su proximidad a Colombia, y por ello hacen varias inspecciones. Lo que observamos es que casi nadie cerraba sus maletas, algunas no tenían ni candados y otras estaban abiertas, sin los dueños cerca. Quizá somos un poco paranoicos, pero preferimos pasar por locos que meternos, innecesariamente, en un grave problema.

Tanta es la seguridad en el barco que, antes de subirnos, ya nos revisaron hasta el alma. En la segunda parada subieron 4 policías e inspeccionaron, de nuevo, los pasaportes, pasajes y equipajes (abriéndolos y comprobando los contenidos). En otro caso, subieron con perros, así que tuvimos que ponernos en los laterales del barco para que los perros pasearan por entre las hamacas y equipajes. Revisaron todo el barco, hasta la bodega donde va la carga. Cuando estábamos a punto de llegar a Manaos, solo faltaban un par de horas, vimos cómo el barco daba media vuelta. Atracamos en un puertito pequeño, donde bajaron unas mochilas y unas cajas... habían encontrado droga. No solo eso, si no que también hicieron bajar a 3 hombres, que llevaban esposados, como supuestos dueños de las mochilas. El espectáculo era lamentable, cámaras de fotos, móviles grabando, la televisión, el "reportero" enchufando el micrófono a los presuntos traficantes como si fuera un interrogatorio, esas 3 personas sin poder escapar de esa especie de persecución y de las burlas de varias personas del barco y de vecinos de ese pueblo, que parecía que su mayor atracción era ésa. Realmente lamentable.

Como había gente que tenía que ir a otros sitios desde Manaos, permitieron que quien quisiera, bajara del barco. Algunos decidieron bajarse allí mismo y tomar un bus hasta Manaos porque, visto lo visto, no íbamos a ser muy puntuales en la llegada.

Estuvimos parados más de 2 horas. Por fin, parecía que todo se hubiera solucionado y emprendimos la marcha. Ya había empezado a anochecer. De repente, sin darnos cuenta, vimos que estábamos llegando de nuevo ¡al mismo puerto! No nos dimos cuenta de cuándo el barco dió media vuelta. Otra vez, la visita de la policía. En esta ocasión, 12 hombres. Ya sabían a quien buscaban (por lo que nos enteramos después, los arrestados habían confesado): un hombre latino; por lo que le pidieron el pasaporte a Oscar más de 4 veces.

Policias junto al alijo incautado
Ahora tenían menos paciencia y, al no encontrar a la persona que estaban buscando, hicieron bajar a todos los hombres a primer piso, con sus identificaciones. Los niños y las mujeres nos debíamos quedar en el segundo piso, en las hamacas. Como no hablábamos portugués (y menos aún entendíamos el amazónico) y algún que otro policía se mostró muy irritado al tener que repetirnos algo, Javita decidió comprobar que todo iba bien. Estaban tardando mucho y nadie decía nada. Así que encontró unas escaleras donde no había policía y bajó. Ahí estaban todos los hombres, en círculo, y al centro los policías con una mochila, haciéndose fotos. Resulta que encontraron más droga, ¡toda una mochila llena! Y seguimos esperando... Seguramente la persona que buscaban, si es que había subido al barco, se habría bajado la primera vez que paramos.

Llegamos a Manaos con "solo" 8 horas de retraso. Habíamos acordado con un couch que le avisaríamos cuando llegáramos para encontrarnos en su casa. Al ser tan tarde, le escribimos comunicándole que buscaríamos un hostel cerca, ya que él madrugaba y que ya nos encontraríamos al día siguiente. Nos enteramos que podíamos dormir en el barco, gratis, así que decidimos hacer eso. Parece que el centro de Manaos, de noche, es realmente peligroso; tanto que uno de los colombianos, que se pasó todo los días durmiendo y tenía todas las cosas esparcidas, las juntó todas y nos dijo que se quedaría despierto toda la noche controlando las cosas y que todo estuviera bien. Eso nos puso un poco nerviosos, pues él suele hacer este viaje con frecuencia. En fin, habíamos decidido quedarnos ahí cuando, bip, sonó el móvil. Nuestro couch nos dijo que nos esperaría a la salida del puerto. ¡¡Salvados!!


Notas sobre el barco:

- ¿Cuándo fuimos?: Segunda semana de septiembre de 2012

- El barco en el que viajamos se llamaba "Sagrado Coraçao de Jesus". Este barco salía los miércoles y sábados. El día de salida no dan almuerzo y la cena es más bien pobre (pero no es arroz con pollo). Precio total: 150 reales/persona. Duración: 5 días, 4 noches.

- El pasaje incluye 3 comidas diarias: 6.20h el desayuno (pan con mantequilla, café y leche caliente; nosotros llevábamos chocolate en polvo); 11.30h el almuerzo y 18h la cena. Almuerzo y cena son tipo buffet, tú eliges lo que quieres y cuánto quieres. Para anunciar las comidas, un miembro de la tripulación se pasea por el barco haciendo sonar una campana.

- En la cocina está la comida y una larga mesa, donde caben hasta 30 personas. Esto significa que si no eres de los primeros, tendrás que esperar en la fila hasta que vayan terminando los que están sentados.

- Es mejor que lleves papel higiénico, pues suele haber pero cuando se termina tardan en reponerlo. Los baños son de chapa, por lo que son muy calurosos, sobre todo por la tarde cuando el sol les ha dado de lleno. El agua es fría (¡lo que es de agradecer!). El olor es bastante desagradable, pero no suele ser un lugar para quedarse mucho tiempo.

- Entre la sección de las hamacas y los baños está la cocina, en la pared exterior de ésta están los lavamanos (con jabón y papel).

- Este barco, a diferencia del peruano, tiene televisores. No acabamos de decidir si nos parece una buena idea, pues hay personas que sufren de insomnio y ven la tele aunque haya interferencias y no se vea ni escuche bien. Lo malo es que son duros de oído y, claro, la escuchan al mismo volumen que durante el día. Por muchos tapones que uses, se escucha igual.

- Como en todo barco, los enchufes son escasos y muy solicitados. Nos sorprendimos al ver lo preparados que van los brasileños, pues llevan alargos interminables, hay que decir que los enchufes están en el techo. Por eso es bueno llevarte bien con el vecino, pues siempre se lo puedes pedir prestado.

- Barren la cubierta un par de veces al día, levantando bastante polvo, pero se agradece que lo hagan. Los baños nunca huelen a limpio, pero la cocina está impecable.

- En el barco había máquinas de donde sacar agua fría (gratuito) y vasos desechables (los cuales a veces se terminaban porque estaban al alcance de niños juguetones); en el último piso hay un chiringuito donde se pueden comprar galletas de chocolate (2 reales), de fresa, bebidas, sandwich de jamón y queso (2 reales) y hamburguesas completas, con jamón, queso, huevo frito, lechuga y tomate (4 reales). Consejo: lleva un vaso, taza o botellita, o conserva el vaso que uses, por si se terminan.

Bienvenidos a Brasil
- En el último piso, donde está el chiringuito, hay sillas y mesas y una parte con techo. La popa es el lugar ideal para ver la puesta de sol.

- Si eres una persona calurosa, mejor no pongas tu hamaca en la zona central, pues de día apenas corre una ligera brisa en algún momento y de noche no se hace necesario el uso de mantas (aunque la mayoría de brasileños las usan, no entendemos porqué). En los laterales del barco, por el día es más agradable, aunque de noche hacen de barrera del viento (ligero y fresco) que proviene del exterior. Cuestión de gustos.

- Consejo: lleva toneladas de paciencia y tolerancia. Al haber tantas personas en un espacio tan reducido, es frecuente estar entre distintos aspirantes a DJ's... a veces las mezclas no están muy logradas y puede alterar un poco.


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