Travesía de Manaos a Belem... y Belem

Travesía en barco de Manaos a Belem

Desayunamos con Davide y su novia, quienes nos fueron a dejar al barco que nos acogería por 5 días y nos llevaría hasta Belem. En esta ocasión, seguiríamos durmiendo en hamacas pero además deberíamos prepararnos las comidas (para no gastar tanto dinero). Íbamos bien preparados: comida, hervidor de agua, bebidas,...

Cuando llegamos ya había muchas personas acomodadas. No sabíamos qué lugar elegir: ¿en un lateral o en el centro? ¿cerca de los baños o alejados? ¿pegados a una columna o separados? Muchas incógnitas y, al final, por muy bueno que parezca el sitio... siempre hay algo que lo estropea. En fin, nos pusimos hacia la parte delantera del barco, muy cerca de una pared. Pusimos las mochilas encima de unos palets que había al efecto, atamos las hamacas y... a esperar que partiera. Empezó a llegar más gente.


Cuando el barco partió, subimos para ver el encuentro de las aguas desde arriba. Nos seguía pareciendo impresionante. En cuanto lo pasamos, volvimos abajo. Nos dimos cuenta que no tendríamos muchos lugares donde ir, pues el último piso que no tiene hamacas... ¡tampoco tenía techo! El sol pegaba de lo lindo y no había quien aguantara más de 30 minutos ahí.

Nuestras hamacas, incitando al relax
Nos pasamos los 5 días durmiendo, leyendo, viendo películas,... Nos preparamos el desayuno y las comidas todos los días, salvo en dos ocasiones que compramos un almuerzo (por no comer algo de lata). Por las noches ponían paredes de plástico para tapar un poco el viento y, en las dos últimas noches, también para frenar la lluvia. El barco se movía muchísimo y hacía algo de frío, pero solo en las noches. Por el día, hacía muchísimo calor y a ratos era insoportable por no poder ir a ninguna otra parte (que tuviera sombra, claro).

Lo mejor, sin duda, las puestas de sol (no somos madrugadores, pero suponemos que los amaneceres también deben ser de película) y las hermosas noches plagadas de estrellas.



Llegamos a Belem muy tarde en la noche y, como la gran mayoría, decidimos hacer noche en el barco. Había tanta gente que no parecía inseguro. Lo dejamos todo preparado para que fuera despertarnos e irnos. Pusimos la alarma del reloj a una hora temprana y nos acomodamos para pasar nuestra última noche en hamaca en un barco brasilero.

Javita no consiguió dormir mucho, estaba intranquila por si nos quedábamos dormidos, porque no nos robaran,... En un momento, abrió los ojos y todos seguían en el barco. Parece que se durmió, porque los volvió a abrir al cabo de "pocos minutos" y ya casi no quedaba nadie. Rápidamente recogimos nuestras cosas y empezamos a caminar rumbo al centro. Teníamos anotados algunos hostels, así que nos fuimos para el primero de la lista.

El lugar estaba bien, limpio y bien situado. Nos pareció un poco caro, pero después de haber pasado 5 noches en una hamaca, necesitábamos una cama y una ducha en un baño donde el agua no saliera marrón. Lo único que tenían disponible en ese momento era una habitación privada. La vida quiso darnos unos momentos de privacidad. Dejamos las mochilas en la habitación y fuimos a la cocina a desayunar. Ahí nos encontramos con una pareja argentina y con un chico francés. Estuvimos un buen rato hablando con ellos y después nos fuimos a descansar un rato.

Estaçao das Docas
Nos levantamos con ganas de recorrer y descubrir esa nueva ciudad de la que tan bien nos habían hablado. Fuimos en busca de una oficina de información turística, nos costó encontrarla pero dimos con ella, no fue del todo útil aunque al menos conseguimos un mapa para orientarnos. Seguimos caminando rumbo a la Estaçao das Docas, un complejo situado en unos antiguos almacenes portuarios construidos a principios del s.XX con estructuras de metal prefabricadas en Inglaterra. En ese complejo se pueden encontrar tiendas, agencias de viaje, cafetería y restaurantes (algo caros). Eso sí, la ubicación es sensacional.

Mercado do Ver-o-Peso
De ahí, nos fuimos al Mercado do Ver-o-Peso, creado en 1688 con la intención de cobrar impuestos a todo lo que entrara o saliera de la Amazonía, aunque como estaba en obras cuando fuimos, tuvimos que contentarnos con verlo desde fuera y pasear por los puestitos de venta de fruta, verdura, hierbas, pescados, etc. Nos dijeron que se comía muy bien y bastante económico, así que decidimos probar. ¡Totalmente recomendable! Almorzamos en el puesto 78-79 y compartimos un plato de pescado que nos dio ampliamente para ambos. Ahí pedimos, por primera vez, Guaraná para beber.

Ciudad Vieja
De ahí, pasamos a la Ciudad Vieja o Centro histórico de Belém. Que reúne varios edificios de la época colonial, que nacieron en la época dorada del caucho (finales del siglo XIX - principios del XX). Belém fue y sigue siendo una de las ciudades más importantes de Brasil, pues es la puerta de entrada al norte del país y, principalmente, a la Amazonía. Esta importancia se refleja en los hermosos edificios que aún siguen impasibles al paso del tiempo. Detrás de este grupo de edificios, están los restos del fuerte de Presépio o fuerte do Castelo (construido a principios del s. XVI).

Nuestra intención era pasar solo un mes en Brasil (y así constaba en nuestros pasaportes, pues nos dieron permiso solo para 30 días), así que como habíamos visto casi todo lo interesante en esa ciudad, decidimos irnos al día siguiente a São Luis. Fuimos caminando hasta la estación de buses, un paseo eterno que nunca terminaba. Conseguimos los pasajes para el día siguiente por la noche y regresamos... caminando de nuevo al hostel. Preparamos la cena y nos fuimos a dormir.

Al día siguiente, nos levantamos sin madrugar y nos dirigimos hacia la Praça da República, un precioso y gran parque donde se encuentra el monumento a los héroes de la República y el impresionante Teatro da Paz (inaugurado en 1878 y cuya fachada ha sufrido varias reformas, entre ellas la eliminación de una columna y de una entrada para respetar las reglas de la arquitectura neoclásica). Después de pasar un rato en la plaza, nos encaminamos hacia la Praça Pedro Teixeira, donde también hay un grupo de edificios coloniales preciosos y volvimos, otra vez, a la Estação das Docas.

Antes de regresar al hostel, donde habíamos dejado las mochilas, pasamos por un supermercado para comprar algo de embutido y prepararnos unos sándwiches para la noche.

Recogimos las mochilas y, junto con otra chica del hostel que se nos unió para no ir sola, nos fuimos a tomar un autobús para ir a la estación de buses... ¡¡rumbo a São Luis!!


Información que te puede interesar:

* ¿Cuándo fuimos?: Mediados de septiembre de 2012

* Almuerzo en Mercado Ver-o-Peso: 10R/plato

* Alojamiento en Belém:
- Hostal Amazônia: www.amazoniahostel.com
- 55R/habitación privada con baño privado


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