Travesía por el Amazonas peruano

Yurimaguas

En Tarapoto tomamos un bus para ir a Yurimaguas. El día estaba medio nublado, había muchísima humedad en el ambiente y cuando faltaban pocos kilómetros para llegar, se puso a llover. La lluvia en un lugar cálido y húmedo a veces no es muy agradable y nosotros no usamos paraguas, solo chubasquero, es decir, nos abrigamos más aún.

Bajamos del bus en una pequeña terminal, donde varias personas se nos acercaron ofreciendo transporte. Negociamos con uno de ellos para que nos llevara al puerto desde donde salían los barcos a Iquitos. Nos subimos en su moto-taxi, los dos con todas las mochilas encima, delante iba el conductor. El vehículo solo contaba con un techito, así que toda el agua nos caía por los lados. Fue una experiencia... interesante.

Fuimos directos al puerto y nos informaron que el barco estaba ahí. Como no aceptaban el pago con tarjeta, le pedimos al conductor que nos llevara a un cajero y, de paso, a comprar una hamaca. Volvimos a negociar el precio.

Cuando regresamos, al cabo de menos de 30 minutos, el barco ya no estaba. No es que hubiera zarpado ya, es que se fue al otro muelle a cargar. Nos dijeron que volvería a las 18h, o a las 19h, aunque a veces regresaba sobre las 22h, o podía volver de madrugada... Por algún motivo, no sentimos mucha seguridad, así que decidimos ir al muelle donde se suponía que estaba el barco en ese momento y cruzar los dedos esperando que no regresara en ese preciso momento. Por suerte lo hicimos, porque el barco nunca regresó al primer puerto.

Por fin encontramos el barco, nos subimos y no había más que un puñado de hamacas colgadas. Fuimos al piso de arriba, ya que habíamos decidido alquilar una cama en un camarote y colgar una hamaca. De esta manera, por el día podíamos estar en la hamaca y por la noche meternos los dos en el camarote, aunque fuera en una única cama.

Pusimos la cama a nombre de Javita, ya que nos enteramos que podía ser que tuviera que compartir el camarote con otra persona pero que siempre ponen a personas del mismo sexo y, sin ninguna base concreta, pensamos que habría menos mujeres solas que quisieran alquilar una cama... En fin, nos resultó perfecto porque dejamos las mochilas en el camarote (que era algo que también nos preocupaba) y no tuvimos compañía el resto de días.

Hamacas en "bisnesclas"
Colgamos la hamaca en el segundo piso, cerca del camarote, donde había una pequeña parte con techo. Ya había unas 5 personas, así que como pudimos, la pusimos lo más protegida posible. Dio la casualidad que entre esas personas había un catalán y una salmantina, lo que nos hizo mucha ilusión. Después llegó otra pareja que instaló su carpa medio bajo techo, medio fuera. Se hizo de noche, empezaron a asomar algunas estrellas... y se nubló.

Visto que teníamos el camarote para nosotros solos, decidimos dormir ahí. Quizás "camarote" es una palabra muy grande para ese espacio tan reducido y esas camas tan estrechas, pero al menos estábamos resguardados del frío y teníamos más protección si llovía. Como solo habíamos pagado una cama, poco antes del amanecer, Oscar se fue a la hamaca sin pensar que hacía mucho frío y que la humedad que ofrece un barco varado cala en los huesos.


Viaje por el río Amazonas. Rumbo a Iquitos

Ese día, bien temprano, el barco empezó a moverse... ¡habíamos zarpado!

Ahí empezaron unos días mágicos, en los que compartimos risas, conversaciones y silencios con extraños que llegaron a convertirse en grandes amigos. Antes de empezar este viaje en barco, pensábamos que el tiempo pasaría súper lento, que tendríamos tiempo para avanzar con el blog, leer, escribir, reflexionar, evaluar cómo estaba yendo el viaje, etc. Nada de eso. Nos pasó el tiempo rápido, fue una experiencia genial, sobre todo por la gente que conocimos, como Betty y Prokop, con quienes tuvimos conversaciones muy interesantes, o Elena, una búlgara divertidísima. Con ellos seguimos compartiendo algunos días de convivencia después del barco y, meses después, seguimos en contacto.

Como primera experiencia en un barco de este tipo, resultó positiva y alentadora, pues nos esperaban aún 3 barcos más por tomar hasta llegar a Belem (Brasil). En el trayecto en el río, pasamos por asentamientos que se veían muy humildes; a veces, el barco paraba en medio del río y se acercaban unos botes a recoger o llevar mercancías. Paramos en algunos pueblos y pudimos bajar unos minutos, pero no solía ser demasiado tiempo, o a veces subían vendedores a ofrecer algo de comida.

Al parecer, el río estaba bajo (por eso el barco iba haciendo zigzag) y el barco tenía sobrepeso, dos elementos que hacían prever lo que sucedió: encallamos. El problema de estar en medio de un río no muy transitado es que hay que esperar (y mucho) a que alguien venga a ayudarte, pues no tienes la opción de pedir ayuda al primero que pase. Nos dimos cuenta que habíamos encallado porque se formó un revuelo enorme. Por suerte, teníamos sombra en las hamacas y soplaba una ligera brisa (nada fresca, pero al menos el aire se movía). Entonces llegó un barco similar al que estábamos. Pensamos que deberíamos cambiar de transporte, pero lo que hicieron fue mover parte de la carga: varias personas que habían llegado en el otro barco empezaron a trasladar decenas (o cientos) de sacos de arroz de 50 kilos, a veces a pares. Movieron tantos, que el barco ascendió lo suficiente como para desencallar y movernos. Entonces cometimos un grave error y fue pensar que el otro barco llevaría la carga... Nos tocó seguir esperando a que volvieran a meter lo que habían sacado. Luego, retomamos el viaje.

Todas las tardes nos sentábamos a ver el atardecer. No hay atardecer más hermoso que en el Amazonas. El último día, bien temprano en la mañana, ¡vimos delfines! Estaban algo alejados, pero los vimos. Fue un bonito final para un mágico viaje.

 ¿Cuándo fuimos?: Última semana de agosto de 2012

Notas sobre el barco:

- Varios barcos se llaman "Eduardo", cada uno es distinto. Nosotros viajamos en el Eduardo IX, que tiene tres pisos: el primero para carga y los dos siguientes para hamacas, en el tercero hay muy poco espacio para las hamacas y se encuentran los camarotes.

- Los barcos no salen todos los días, mejor que te informes antes sobre cuándo está previsto que zarpe. Nos dijeron que salen todos los sábados. Lo bueno es que puedes dormir ahí hasta que salga el barco. Nosotros llegamos la tarde antes, así que dormimos una noche allá, pero conocimos una chica que había dormido dos noches.

- Hay dos embarcaderos, deberías asegurarte de cuál sale para no estar pasando de uno a otro, pues están bastante distante entre sí.

- En el precio están incluídas 3 comidas diarias: a las 6h el desayuno, que consiste en un brebaje extraño que no conseguimos adivinar qué era y pan (si tenías suerte, con mantequilla, si no... un sandwich de aire); a las 11.30h-12h el almuerzo, consistente en arroz con pollo (solo variaba la salsa) y un plátano hervido totalmente insípido; y a las 18h la cena que era lo mismo que el almuerzo pero con una salsa distinta. Tienes que llevar tu propio plato o tupper y cubiertos. Anuncian el inicio del reparto de las comidas con una sirena y, rápidamente, se forman enormes filas. Como teníamos camarote, llevaban un plato de comida a la cabina y lo compartíamos mientras esperábamos que la fila se hiciera más corta. Sellan el pasaje con las comidas que te dan, para que no repitas tan exquisitos platos.
(Consejo para vegetarianos: sería aconsejable que llevárais latas de comida si no queréis pasaros todos los días comiendo únicamente arroz.)

- Obviamente, el agua del barco no es potable, por lo que tienes que llevar tu propia bebida (agua, refrescos, cervezas,...). Hay un diminuto chiringuito en el bar donde puedes comprar bebidas frías, lo que es muy de agradecer durante el día (para que te hagas una idea, una coca-cola cuesta 3 soles). Si haces amistad con la persona que atiende el chiringuito, puedes conseguir que te guarde en la nevera algo que hayas comprado fuera del barco.

- Debes llevar papel higiénico y jabón, en el barco no hay. Los baños estaban separados por sexos. Había 4 compartimentos en cada baño y dentro de cada uno estaba la taza y la ducha, no es mala idea porque al ducharte, de paso, le echabas un agua a la taza (obviamente, sin tapa). El agua sale fría, pero con tanto calor, es agradable.

- Nosotros teníamos enchufe en la cabina, fuera de ahí vimos varios en el piso de abajo y solo uno (muy solicitado) en el tercer piso.

- Puedes llevar tu propia hamaca o comprar una en el barco (obviamente, es más caro). El tercer piso, al ser tan reducido, solo cabían 7 hamacas, en el segundo la gente iba hacinada, casi unos encima de otros, sin orden y cientos de cajas y bolsas por todas partes. En el último piso hacía bastante frío por la noche, ya que no tenía forma de tapar las paredes, por lo que es aconsejable llevar un saco de dormir y un polar.

-El precio fue de 100 S. el espacio para la hamaca y 150 S. por plaza en camarote. En ambos casos las tres comidas de cada dia estaban incluidas.


Mas sobre Peru

1 comentario:

colchon pikolin dijo...

Gracias por contar tu experiencia. Gracias!