Chachapoyas

Desde Trujillo, dirigimos nuestros pasos a la ciudad de Chachapoyas. Para ello nos dimos el lujo de viajar en bus cama nocturno, así que llegamos bien tempranito a este nuevo destino. Como de costumbre, no teníamos alojamiento, así que nos fuimos a la aventura. Nos costó mucho encontrar un alojamiento que nos gustara y que no fuera muy caro.

Seleccionado el hostal en la Plaza de Armas, dejamos las mochilas y nos dimos una merecida ducha, sin disfrutarla mucho ya que decidimos contratar una excursión a Kuélap que empezaba en pocos minutos y aún debíamos desayunar (una comida que nunca nos saltamos).




Decidimos contratar un tour porque es un lugar bastante difícil de llegar y, según leímos, era un poco complicado el recorrido interno y de poco nos íbamos a enterar si no teníamos guía.

Una de las tres entradas a la Ciudadela de Kuélap
Esta ciudad pre-Inca está a unas 3 horas de Chachapoyas en coche y luego hay que caminar 1,5 km aproximadamente; es la ciudad de piedra más grande de América. Lo que se visita es la ciudadela, pues la ciudad estaba a las afueras y apenas quedan restos de lo que fue. Las entradas a la ciudadela es, quizá, lo más complicado ya que hay que subir por lo que un día fueran escaleras de piedra y que actualmente son más rampas resbaladizas, pero no es demasiado difícil yendo con calma.

Esta ciudadela fue construida como demostración de poder de la cultura de los Chachas, no unicamente como fortaleza. En su inicio tenía uso múltiple: residencial, religioso, administrativo, defensivo, funerario, etc. Después del asedio de los Incas (quienes ocuparon el lugar), que los obligaron a huir, regresaron y solo le dieron uso ceremonial-funerario.

Así eran las casas en la ciudadela
Los enormes muros externos son la base de la ciudadela y dispone de 3 entradas, aunque solo 1 era para el acceso del público en general (en su suelo gastado se pueden observar huellas de llamas, que utilizaban como animales de carga). En ella se pueden identificar 3 zonas: el Pueblo Alto (donde se ubica el torreón de vigilancia, allí se encontraron proyectiles de onda y huesos de diversos animales, y una construcción rectangular, es decir, Inca); Pueblo Bajo (casas redondas de unos 5 metros de alto, pues en algunas partes tenían 2 pisos; las escaleras de acceso no eran rectas, si no también ligeramente curvas); y el Templo Mayor (se encuentra en el sector sur y hay algunos restos de casas con grabados líticos, que tienen diversas interpretaciones -según el guía-; en esta zona podemos encontrar una casa reconstruida que nos permite hacernos una idea de cómo era esa ciudad; el Templo es una construcción en forma de cono invertido y no tiene puerta de acceso, en su interior hay una columna de huesos, ofrendas).

Es una visita obligada al pasar por Chachapoyas. De hecho, creemos que es imprescindible.



Esta excursión la hicimos con otro touroperador ya que, al no requerir grandes explicaciones, nos fijamos solo en el precio.

Fuimos temprano una mañana, tardamos una hora en coche en llegar desde Chachapoyas hasta Cocachimba, el pueblito donde se ubica la catarata y donde se paga la entrada. Se suponía que era obligatorio el ir con un guía, pero una vez allá había gente que no lo contrató y fue por su cuenta, siguiendo al resto de gente.

El recorrido dura unas 2,5 horas y en algunos trechos, sobre todo al regreso, se hace un poco pesado si no tienes un buen estado físico. Pero vale la pena el esfuerzo. Al principio es todo bajada, pues llegamos a la base de la caída de agua. Se trata de una catarata de 771 metros de alto en 2 caídas y está considerada como la tercera más alta del mundo.

Parte baja de la catarata, vista desde el camino
Aunque se da a conocer en 2006 gracias a un explorador alemán, los habitantes de la zona conocían de su existencia, pero no iban por miedo a la sirena que allí habitaba. Cuenta la leyenda que había una pareja que vivía en San Pablo (Gregorio y su esposa), él se dedicaba a hacer cohetes (de fuegos artificiales) y dejó el trabajo, se dedicó a viajar. Al cabo de un tiempo, volvió con joyas y oro, las vendió y sacó mucho dinero. Después volvió a viajar y, de nuevo, regresó con joyas, entre ellas un anillo. La esposa tuvo celos y decidió seguirlo hasta la laguna, lo vio allá con una mujer; cuando se fijó bien, vio que era una sirena que, al acercarse la esposa, agarró a Gregorio y se lo llevó al fondo de la laguna. En sueños, él le dijo a su esposa que no volvería a casa.

Creas o no la leyenda, es un lugar impresionantemente bello por el que vale el esfuerzo físico que requiere el paseo. Tenemos que advertir que el agua está helada. Una parejita de nuestro grupo, muy valiente, se atrevieron a meterse bajo la catarata... nadie más.



Para esta visita decidimos hacerlo por nuestra cuenta, así que tomamos un bus de Chachapoyas a Luya y, de ahí, un taxi hasta Cruzpata. Lo malo de ir fuera de temporada es que hay poca gente que quiera hacer los mismos recorridos, así que si no tienes suerte y encuentras a más personas, tienes que pagar el taxi entero. Nosotros coincidimos con una pareja ecuatoriana, que también buscaban el precio más bajo, y conseguimos negociar con el taxista. Hay que pagar entrada.

Siete sarcófagos, los que se encuentran más a la vista.
No creemos que valga la pena la visita, a menos que forme parte de un tour que incluya algo más, pues los sarcófagos únicamente se ven desde lejos. Miden unos 2,5 metros de alto pero parecen de escasos centímetros. Están incrustados en la montaña, a 2.600 msnm. Hay dos grupos de sarcófagos, el que más se ve es Karajía 1, un grupo de 7 sarcófagos (el 3º desapareció por un sismo en 1928) que están unidos entre sí; datan del año 1460 d.c. Pertenecen a grandes señores, pues las cabezas están decoradas con un cráneo-trofeo. Están colocados estratégicamente, mirando al este (simboliza el nacimiento a la vida, posiblemente la vida después de la muerte). Se cree que hubo un camino para acceder, pero que lo eliminaron para que nadie pudiera llegar a ellos.

Hay un camino de tierra bastante empinado al principio que va pegado a la montaña, por debajo de los sarcófagos y pasa de largo. El paseo ofrece un paisaje hermoso.

El precio del taxista incluía que nos esperaría una hora y media, así que pudimos disfrutar más bien poco del paseo. Nos llevó de regreso a Luya y allá esperamos al primer bus que volvía a Chachapoyas.



Información que te puede interesar:

* ¿Cuándo fuimos?: Mediados de agosto de 2012

* Bus cama de Trujillo a Chachapoyas:
- 80S/persona
- Duración: 16 horas, aproximadamente

* Alojamiento en Chachapoyas:
- Hostal Amazonas
- 30S (habitación matrimonio, baño privado)

* Tour Kuélap:
- Touroperador: Chachapoyas Travel
- 35S/persona (incluye transporte y guía)
- Duración: todo el día

* Tour catarata de Gocta:
- 30S/persona
- Duración: todo el día

* Combi Chachapoyas a Luya:
- 5S/persona
- Duración: 1 hora, aproximadamente

* Taxi Luya a Cruzpata (ida, espera y vuelta):
- 50S/4 personas (precio negociado)
- Duración: 1 hora, aproximadamente (ida)

* Sarcófagos de Karajía:
- Entrada: 5S/persona
- Duración: 25 minutos de ida + 30 minutos de regreso


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