Cuenca - Loja - Vilcabamba

Llegamos a Cuenca (formalmente conocida como Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca) al mediodía, provenientes de Alausí, con el ánimo recuperado y abiertos a lo que esa hermosa ciudad nos deparara. Como es habitual, no teníamos reservado ningún alojamiento, pero esta vez sí teníamos anotados algunos. Con las mochilas a los hombros, nos dispusimos a buscar cerca de la terminal. Encontramos un par que no nos gustaron, así que seguimos caminando y caminando... hasta llegar al centro.

Decidido el alojamiento, dejamos las mochilas y fuimos a comer al bar que está justo al lado. El dueño era un ecuatoriano que había vivido en España unos años y que, como otros tantos, tuvo que regresar por la crisis económica que vive nuestro país. Después dimos un breve paseo, pues estábamos bastante cansados.




Centro de la ciudad

Mercado de Cuenca
Al día siguiente, bien temprano, fuimos por la calle Larga hasta el mercado "10 de agosto" para ver qué se vendía allá. Es un recinto bastante grande y, por dentro, con mucho movimiento y salpicado de todos los colores imaginables, tanto por las frutas y verduras como por las vestimentas de las mujeres. Todas las hortalizas tenían excelente pinta, no así el apartado de carnes, que carece de refrigeración y está expuestas al aire y a los pequeños insectos que por ahí paseaban a sus anchas.

Después de comprar algo de verdura para preparar el almuerzo, decidimos pasear por la ciudad, haciendo un recorrido eclesiástico (incluidas las dos catedrales nueva y vieja). En la esquina opuesta a la Basílica del Perpetuo Socorro se haya ubicado un majestuoso edificio que fue en su origen un banco y cuyo interior es digno de visitar (gratuito), no solo por las exposiciones si no por los restos que quedan de sus días de "oro".


Mirador de Turi

Es un cerro desde el cual se puede contemplar una hermosa vista panorámica de la ciudad. Es de fácil acceso, pues se puede ir fácilmente en un bus urbano (si preguntáis si ese bus en concreto va al mirador y os responden que ellos van a la iglesia... tranquilos, es el correcto). Arriba hay una pequeña iglesia y un camino de tierra que llega hasta las obras de un hotel en construcción, con unas inmejorables vistas, pues está en la cima del cerro.


Parque arqueológico de Pumapungo

Parte de las ruinas de Pumapungo
Al final de la calle Larga se encuentra el Museo del Banco Central y, detrás de éste, las ruinas de Pumapungo. Este sitio fue fundado por el inca Túpac Yupanqui y hay restos que demuestran que fue un lugar muy importante en aquella época. Lamentablemente, con la llegada de los españoles desapareció casi todo vestigio de su existencia pues usaron las piedras para construir las iglesias y casas de la recién creada ciudad de Cuenca.

El Museo también es muy interesante, así como los jardines que están más allá de las ruinas, donde se pueden observar todo tipo de plantas medicinales y un pequeño aviario.


Sitio arqueológico de Ingapirca


Templo del sol en la cima
Ingapirca es el mayor conjunto arqueológico inca que existe en Ecuador. Fue una ciudad cañari y, sobre ella, se construyó la ciudad inca a finales del S.XV por orden de Huayna-Cápac. No es extremadamente grande y quizá si se tienen referencias de otras majestuosidades puede resultar hasta decepcionante. Nosotros no hemos ido (aún) al Machu Picchu, así que nos fascinó.

Parte de las ruinas de Ingapirca
Se puede ir en transporte público, sin necesidad de contratar ningún tour, pues es obligatorio hacer la visita con guía y éste va incluido en el precio de la entrada. Nosotros seguimos las explicaciones y, como iba demasiado rápido para nuestro gusto, después volvimos sobre nuestros pasos (entrando por la salida) y nos dedicamos a hacer fotos y disfrutar de ese ambiente lleno de energía.

Lo mejor es no ir en domingo, pues cierran antes y no da tiempo a ver el museo, y hay que tener en cuenta que el último bus sale de Ingapirca hacia Cuenca lo hace antes de que cierren las ruinas.



Fuimos a esta ciudad porque habíamos leído en la guía que cerca de ella se encontraba Vilcabamba, un pueblo famoso por la longevidad de sus habitantes. Animados por la idea de que se nos pudiera contagiar algo de eso y, por lo tanto, poder seguir viajando muchos años más, decidimos hacer un alto en Loja para pasar el día siguiente en Vilcabamba.

Llegamos a Loja cuando empezaba a chispear. Queríamos conseguir un hotel cerca de la terminal, ya que pensábamos recorrer la ciudad esa tarde, al día siguiente ir a Vilcabamba y ya partir hacia Perú en el mismo día.

No encontramos nada económico cerca de la terminal, todos los que vimos eran caros para nuestro presupuesto y no se justificaba pagar esos precios, así que fuimos ampliando el radio hotelero. Tanto fue así, que llegamos hasta el centro de la ciudad, caminando, con las mochilas a cuestas. Más de 40 minutos caminando para encontrar varios hostales cerca de la plaza principal, muchísimo más económicos y, por supuesto, muchísimo más cutres: camas del siglo pasado (o antepasado), limpieza dudosa, huéspedes extraños,... Como más o menos todos eran del mismo estilo, decidimos hacer de tripas corazón y quedarnos en el "menos malo". Total, sólo era por una noche.

Vilcabamba, Valle de la Longevidad

Dejamos las mochilas en la terminal, en la empresa que nos llevaría a Vilcabamba. Para variar, tuvimos problemas de comunicación con el personal de la terminal, pues hay que pagar por entrar a la zona de plataformas, sí para poder subirte al bus que ya has pagado. Nosotros no teníamos cambio, y la persona que vigilaba tampoco. Íbamos con el tiempo justo, pues el bus estaba por salir y faltábamos nosotros. Fuimos a Información a pedir cambio, pero nos dijeron que no tenían tampoco, que les comentáramos a la persona que cobraba para que pudiéramos pasar. En fin, fue toda una odisea, Javita entendió que podía pasar sin pagar, así que pasó. Parece que entendió mal porque la señora se puso como una energúmena... pero ya estaba al otro lado de la barrera, así que llevó las mochilas a la empresa para su custodia, mientras Oscar iba en búsqueda del mayor tesoro: monedas.

En esos minutos angustiantes de no poder pasar para subirnos al bus, debió de haber una brecha temporal, pues cuando Javita fue a dejar las mochilas, le dijeron que no las podíamos dejar allá ya que ellos no se hacían responsables. Eso generó una ardua discusión, ya que la persona que nos vendió los boletos pareció haber sufrido un colapso mental y no recordaba que nos había dicho que sí. Al final, las dejamos allá, gracias a uno de sus trabajadores que intermedió. Mientras Javita discutía por dejar las mochilas, Oscar recorría toda la terminal con la agradable compañía de la señora-cobradora... sin conseguir cambio. Al final, ese chico de la empresa, nuestro ángel de la guarda, nos prestó una moneda para que Oscar pudiera entrar y subirse al bus.

Tanto problema para llegar a ese pueblo donde no había nadie. Parece que era por ser mediodía y la gente huye del sol y del calor... todos menos los viajeros, claro. Esperábamos encontrar el pueblo lleno de gente mayor, con la que poder hablar y compartir, pero nada más lejos de la realidad. Comimos lo que nos habíamos preparado, en la plaza del pueblo, cobijándonos en la piadosa sombra de un árbol. Después fuimos a dar un paseo por el pueblo... ningún encanto. De hecho, la gran mayoría de comercios (por no decir todos) son de extranjeros, con comida internacional, y la clientela rubia, de ojos azules y de más de 1,60 metros.

Un poco decepcionados, regresamos a Loja, con los dedos cruzados rogando encontrar nuestras mochilas. Fue un gran alivio verlas donde las dejamos. Como siempre, el personal de la terminal estaba dispuesto a ayudar y colaborar con nosotros y nos dijeron que para recuperar las mochilas debíamos volver a pagar para acceder a la zona de buses, desde donde entraríamos para recoger las mochilas. Fue Oscar y cuando las trajo se dio cuenta que al lado de donde yo estaba esperando, había una puerta debajo del mostrador que estaba abierta y desde donde podríamos haber sacado las mochilas sin mayor demora.


Con las mochilas a cuestas, nos fuimos a buscar un lugar para cenar y hacer tiempo para el bus que nos llevaría a otro país: Perú.


Información que te puede interesar:

* ¿Cuándo fuimos?: Primera semana de agosto de 2012

* Bus de Alausí a Cuenca:
- 5$/persona
- 4h, aprox.

* Hostal El Capitolio
- 7$/persona (no hay dormitorios compartidos, son habitaciones privadas con baño compartido)
- Honorato Vazquez 5-66 y Hermano Miguel; Cuenca.
- Celular: 087742608

* Bus desde el centro al Mirador de Turi:
- 0,25$/persona

* Bus de la terminal de buses de Cuenca a Ingapirca:
- 2,5$/persona
- 2h, aprox.

* Bus de Cuenca a Loja:
- 7,5$/persona
- 4h, aprox.

* Bus de Loja a Vilcabamba:
- 1,60$/persona
- 1h, aprox.

* Torno para acceder a zona de buses, en la terminal: 0,10$/persona


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1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, que tal?
Desde Loja, fueran a cuál ciudad em Perú? Cómo fue la imigración y el autobús?
Gracias