Baños

Decidimos coger un bus nocturno para hacer uno de los recorridos más largos que haríamos en Ecuador y poder llegar de mañana prontito... y bien pronto que llegamos, que aún no había amanecido. Aún así nos pusimos de inmediato a buscar alojamiento. Y nuestra búsqueda dio fruto pues a las 6 ya habíamos hecho nuestra elección y en el hotel nos dejaron una habitación para descansar hasta la hora del check-in (las 12).

Baños es un pueblo bastante dedicado al turismo, ubicado en un valle totalmente rodeado de altas montañas y más cerca de la selva ecuatoriana de lo que aparenta por su clima.


El primer día lo pasamos descansando (los buses ecuatorianos no se caracterizan por su comodidad precisamente), ubicándonos en el nuevo destino y buscando y reservando nuestra actividad para el día siguiente: un tour de un día a la selva.


Tour a la selva

Ese día nos tocó madrugar ya que nos pasaron a recoger por el hotel a las 8. Nos llevaron en una especie de chiva que, a decir verdad, no era excesivamente cómoda para los caminos empedrados que tendríamos que recorrer. En primer lugar nos llevaron a un mirador desde el que se podía observar el inicio de la selva, más allá de la zona montañosa en la que Baños se encuentra ubicado. En ese punto nos ofrecieron además jugo de caña preparado allí mismo. Ya lo habíamos probado en Cuba, pero aún así no le hicimos ascos porque nos apetecía algo dulce.

Mono relajado, tomando el sol.
La siguiente parada sería el centro de recuperación de monos, donde pudimos ver monos de varios tipos, rescatados de poblados indígenas que los tenían como mascotas, tras haber matado a sus madres para comérselas. Nadie dijo que la vida en la selva fuese fácil... Aparte de los monos también tenían algunos otros animales como tortugas o coatíes, unos bichos con aspecto muy tierno pero con muy malas pulgas.

Más tarde nos dirigimos a uno de los poblados indígenas de la zona donde probaríamos la chicha, una bebida alcohólica fabricada con yuca (un tubérculo como lo es la patata pero más alargado) que normalmente se machaca masticándola y se deja fermentar. La verdad es que tiene un sabor bastante particular y no nos gustó demasiado. En el mismo poblado nuestro guía nos explicó cómo se utiliza la cerbatana e hicimos una prueba disparando a un loro de madera (el de verdad no estaba tan quieto y hubiese sido difícil acertarlo...).

Tras la experiencia en el poblado nos dirigimos hacia un río para descender una parte en canoa, utilizando el mismo tipo de canoas creadas con un tronco ahuecado con el que los indígenas se mueven en la zona. Fue una experiencia que nos gustó mucho, aunque en algunos tramos poco profundos pasábamos rozando las piedras del fondo y daba la impresión de que podríamos "naufragar".

Se empezaba a hacer tarde y ya teníamos bastante hambre así que nos llevaron a una cabaña junto a un río en el que nos pudimos bañar y comimos allí. Desde allí mismo salimos caminando al que sería el último destino del tour, en el que después de un paseo por la selva en el que el guía nos explicó sobre el uso que los indígenas daban algunas plantas que encontramos por el camino, llegamos a una cascada en la nos dimos un revitalizador baño.

Solo de verlos ya da hambre...
Después de la cascada llegó el momento de volver a la civilización, aunque antes de llegar a Baños hicimos una última parada para degustar uno de los platos típicos de los indígenas: gusano a la plancha. Estos gusanos, de cuerpo amarillo claro y cabeza oscura se desarrollan dentro de las palmeras cortadas y tienen un sabor sorprendentemente parecido a los camarones.

Tras esta curiosa experiencia culinaria, ya sí, nos dejaron de vuelta en Baños, a una cuadra escasa del hotel.


Canopy/Tirolina

Al día siguiente nos apetecía probar la adrenalina, así que entre las numerosas opciones en deportes de aventura, nos decidimos por un recorrido que incluía dos canopys de alta velocidad (en los que uno va tumbado, no sentado), un puente tibetano y escalada consistente en peldaños metálicos incrustados en la roca. Y la verdad es que disfrutamos mucho de la experiencia, pese al miedo de Javita a las alturas (que solo salió a relucir al cruzar el puente tibetano). Fue una experiencia que disfrutamos y sufrimos a partes iguales.



Una de las siete cascadas.
Por la tarde teníamos pensado alquilar una bici para hacer la ruta de las cascadas, pero el tiempo parecía que no iba a acompañar, así que decidimos hacer la misma excursión en chiva, que tenía el mismo precio que el alquiler de la bici. Y muy bien que hicimos, porque lloviznó durante toda la tarde y antes de acabar la excursión, cuando nos tocó bajarnos de la chiva para hacer un recorrido a pie que descendía hasta la cascada de Machay, comenzó a llover a cántaros, por lo que acabamos empapados, a pesar del chuvasquero.


Los dos últimos días los dedicamos a descansar (volvíamos a tener problemas estomacales) y a recorrer el pueblo, teniendo en cuenta que sus mayores atractivos están en los alrededores.

La siguiente parada sería Alausí, donde tomaríamos el famoso tren a la nariz del diablo.


Información que te puede interesar:

* ¿Cuándo fuimos?: Finales de julio de 2012

* Bus de Guayaquil a Baños:
- 8,25$
- 6,5h, aprox.

*Tour de un día a la selva:
- 30$ c/u
- Duración: todo el día

*Canopy + puente tibetano + escalada:
- 25$ c/u
- 3h, aprox.

*Tour cascadas:
- 5$ c/u
- 3h, aprox.


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