Puerto López

Después de pasear por Latacunga, fuimos al hotel a recoger las mochilas y nos fuimos hacia la compañía que nos iba a llevar hasta Portoviejo, donde deberíamos tomar otro autobús para llegar a Puerto López. Era el camino más sencillo y más directo.

El autobús, como todos los que cogimos en Ecuador, era incómodo y no paraba de subir y bajar gente continuamente. Por fin llegamos a Portoviejo, un par de horas antes de lo que nos habían dicho. Nos bajamos, con prisas, en la terminal, llena de personas que nos miraban con desconfianza, como si hubieran visto un extraterrestre... o dos, en este caso. Uno de los buses que iban a Puerto López acababa de salir hacía pocos minutos, así que nos tocó esperar un buen rato, envueltos en un clima de gran humedad, calor e inseguridad.

Por fin apareció el bus que nos llevaría a nuestro destino, así que mientras uno fue a comprar los pasajes, la otra se quedó con las mochilas y controlando que no se fuera nuestro transporte sin nosotros. No queríamos pasar ni un minuto más en esa estación.



Puerto López

Un rato después, llegamos a Puerto López, un pueblo pequeño de pescadores, donde el núcleo está formado por dos calles principales (paralelas al mar) y un puñado de calles secundarias que las atraviesan. El mayor atractivo es el espectáculo que ofrecen los pescadores cuando regresan de faenar con sus botes, redes y "trofeos". Muestra de la solidaridad humana que tanto escasea en este mundo es el momento en que, cuando regresa un barco a la orilla, el resto de pescadores arriman el hombro para colaborar en sacarlo del agua. Algunos están acostumbrados a los extranjeros y posan, orgullosos, con los pescados.

En cuanto llegamos al pueblito, nos recibió un chico ofreciéndonos tours y alojamiento. Como estábamos tan cansados y no habíamos visto nada por internet, decidimos aceptar su propuesta de encontrarnos un alojamiento económico, ya que ello suponía que, por un dólar más, nos llevaría en su mototaxi (nunca le pagamos esa cantidad). Cargamos las mochilas, nos subimos y, poco a poco, llegamos a un par de lugares. El problema de ir con alguien del lugar es que ellos se llevan comisión y, por lo tanto, la posibilidad de negociar una rebaja desaparece. Los dueños del hostal donde nos quedamos nos comentaron que ellos tienen que pagarle un dólar cada día que nos quedemos (lo que equivalía, en ese caso, a casi un 15% del precio).

El primer día fue un día perdido. En cuanto llegamos, nos acomodaron en una habitación de 4 porque no tenían para pareja, a un precio un poco más caro, con la promesa de que, en cuanto se desocupara una doble nos cambiaríamos. Dimos un paseo para sacar dinero del cajero, vimos cómo regresaban los pescadores, y regresamos al hostal a descansar. Necesitábamos dormir y descansar, después de tantas horas en esos cutrebuses. Fuimos a almorzar un ceviche de pescado que no estaba mal, pero tampoco era lo que andábamos buscando y regresamos al hostal.


Tour Avistamiento de ballenas jorobadas e Isla de la Plata

Al día siguiente nos vinieron a buscar bien temprano, pues habíamos reservado un tour para ir a ver ballenas jorobadas y realizar un paseo por la Isla de la Plata (o también conocida como la "Galápagos de los pobres", por tener las mismas especies de pájaros, a mucho menor coste). Fuimos recogiendo a gente, a medida que nos acercábamos a la playa, y una vez allá, metimos el calzado en una bolsa y subimos a la lancha.

De camino a la isla vimos algunas ballenas, iban tranquilamente nadando, sin hacer piruetas ni nada por el estilo. Seguimos a algunas de ellas durante un rato hasta llegar a nuestro destino: Isla de la plata. Cuando estábamos muy cerca nos dijeron que era mejor ir directos a la isla y seguir a las ballenas al regreso, ya que desembarcábamos por orden de llegada y, entre un grupo y otro, debía pasar como mínimo 20 minutos. De repente, nos pasó por el lado una embarcación que iba a toda prisa, adelantando al resto de barcos. Obviamente, llegaron antes, así que tuvimos que esperar. Como recompensa, nos dijeron que eso estaba prohibido, y que habían recibido una multa. No se puede ir con prisas a una cita con la madre naturaleza.

Desembarcamos, nos devolvieron el calzado y todo el grupo emprendió la marcha hasta un puesto, a lo alto de una colina, donde se accedía subiendo una empinada escalera de tierra. No hemos comentado que en el grupo había una familia formada por padre, madre, y dos hijas (una mayor y otra de 9 años). Una vez en ese punto de encuentro, nos dijeron que había dos caminos a seguir: el difícil y más largo, pero que a su vez ofrecía mayor oportunidad de ver aves, o el más fácil y con menos variedad. Todos queríamos realizar el primero pero el grupo no podía ser mayor de 10 personas por cada guía. Nosotros contábamos con dos guías, pero uno debía seguir el camino fácil con la familia, así que quedábamos 12 personas para el otro guía.

Finalmente, 9 personas emprendimos el camino más largo. Después de caminar un rato llegamos a unos enormes acantilados que rodean el mar y donde se sitúan los llamados Pájaros Tropicales, aves de blanco plumaje, con las puntas de las alas oscuras, el pico rojo y una larguísima cola; y las Fragatas, oscuras y con plumas blancas en el pecho.

Piqueros Patas Azules, macho y hembra
Otras aves que se pueden observar más de cerca son los Piqueros de Nazca y los Piqueros Patas Azules (se distinguen machos y hembras por, entre otros, el tamaño del iris), que hacen sus nidos en tierra, en lugares llanos, por lo que es fácil encontrarlos en medio del camino. No suelen apartarse, así que a veces es necesario cruzar algunos matorrales para interferir lo mínimo posible en su espacio.

En otro punto del camino pudimos contemplar de cerca las Fragatas, que en época de apareamiento despliegan una especie de globo rojo enorme para atraer a las hembras. Es curioso ver a las crías, pues nacen prácticamente blancas, cuando son jóvenes son marrones y los adultos prácticamente negros. Nosotros llegamos cuando estaba finalizando dicha época, pero alcanzamos a ver algunos ejemplares... ¡impresionante!

Después de ese interesantísimo recorrido, donde el guía jugó un papel muy importante ya que emanaba por cada poro gran pasión por su trabajo, volvimos al barco. Allá nos dieron un par de sandwiches, un pastelito y algo de beber y nos dirigimos al lugar donde podríamos hacer snorkel. Nos prestaron máscara y tubo y nos lanzamos al agua, que estaba un poco fresca. Nos acercamos hacia las rocas, había buena visibilidad (de unos 5 metros) y bastante vida marina, vimos un pez ballesta, entre otros. Como siempre, fuimos de los primeros en meternos en el agua y los últimos en regresar.

Las jorobas de dos ballenas jorobadas
Nos pusimos ropa seca y continuamos en busca de ballenas jorobadas, las encontramos y las seguimos. A distancia, eso sí. ¡Tuvimos la gran fortuna de ver el primer ballenato de la temporada! Muestra de la dedicación de la tripulación fue que regresamos casi dos horas más tarde de la hora prevista, por ir persiguiendo a las ballenas.


Playa de los Frailes

Éste es uno de los tours más ofrecidos. Nos enteramos que no es tan complicado ir por cuenta propia, así que decidimos ir a la aventura. Cogimos un bus en el pueblo y le pedimos que nos avisara cuando pasáramos por la Playa de los Frailes, para bajarnos. El bus paró frente a la puerta de acceso. Allá nos informaron del horario, que no debíamos tirar basura, etc.

De la entrada a la playa hay unos 20 minutos caminando, pero otra opción (para los menos playeros) es realizar el camino extendido, de unos 4 km., que empieza por seguir el primer caminito señalizado a la derecha y termina en la playa de los Frailes.

Nosotros preferimos la segunda opción y empezamos nuestro paseo por un camino de tierra, rodeado de árboles y arbustos bastante secos, rozando lo fantasmagórico (por lo que nos dijeron, en época de lluvias se torna de un verde vibrante). De vez en cuando, de entre palitos pálidos, aparentemente sin vida, aparecía una hermosa flor de algún color apasionado.

Estábamos solos... aunque a veces oíamos el crujido de las hojas secas a los lados... Nos cruzamos con más de una veintena de lagartos, a cuál más bonito.

Llegamos a una especie de mirador, que no es tal pues hay un cartel bien visible que aconseja no asomarse mucho ya que la tierra está suelta y uno se puede caer por el acantilado. Obviamente, con mucha precaución, nos asomamos un poquito. A la derecha se podía vislumbrar el pueblo, Machalilla, con varios barcos y yates atracados en las cercanías, y abajo la marea baja dejaba al descubierto un precioso trazado de rocas en el suelo y, al fondo, un islote.

Seguimos el camino y llegamos a una playita situada frente al islote que habíamos visto desde el pseudo-mirador: la Playita Negra. Nos quedamos un ratito ahí, observando lo maravilloso del paisaje. El día estaba nublado, hacía calor, humedad y estábamos solos ante esa imagen tan paradisíaca.

Uno de los muchos lagartos. Todos diferentes.
Proseguimos el camino, encontrándonos con más y más lagartos intentando camuflarse entre la alfombra de hojas secas, inmóviles. Conteniendo la respiración y con movimientos muy lentos, conseguimos tomar algunas fotos de algunos de ellos bastante cerca. Y llegamos a la segunda playa de arena blanca, la de la Tortuga, que recibe su nombre por una enorme roca que hay delante y que, con algo de imaginación, se asemeja a dicho animal. Curiosamente, en esa misma playa desovan tortugas, aunque no fuimos en época.

Continuamos el camino, esta vez bordeando el mar, y llegamos a la segunda parte de la playa, donde hay una gran plataforma de roca que sirve como gradas para observar el maravilloso y siempre irrepetible espectáculo que ofrece el mar. Nos quedamos unos minutos, admirando el paisaje, el vaivén de las olas, y agradeciendo poder vivir esta hermosa aventura.

Al final de esa playa hay unas rocas que forman un par de espigones naturales, a los que se puede acceder pasando por encima de algunas rocas y medio escalando una pared de roca. Hay que tener cuidado con la marea y las olas, pues puede ser un .poco peligroso. Cruzamos hacia el espigón y desde ahí pudimos ver los dibujos de las rocas que forman los distintos estratos. Decidimos no quedarnos mucho tiempo ahí ya que la marea estaba subiendo y si ya nos costó un poco llegar, más nos costaría regresar.

Playa de la Tortuga y la roca que tiene algun parecido con ese animal
Seguimos caminando en medio de ese paisaje otoñal, que confirió a nuestro paseo cierto aire melancólico que invitaba a la reflexión. Con la única compañía de los lagartos que se cruzaban en nuestro camino, llegamos hasta una especie de escaleras de tierra por las cuales se ascendía hasta un mirador, una casita de madera desde donde pudimos contemplar una larga playa de arena blanca: la playa de los Frailes, y los acantilados que hay al final de ella. Al otro lado, la playa de la Tortuga.

Después, empezamos a descender hasta llegar, por fin, a la playa de los Frailes. Muy animados y algo cansados y acalorados, decidimos ir a darnos un buen chapuzón. Nos quitamos la ropa y atamos la mochila a un tronco que había (llevamos una de las cadenas que tenemos) y nos fuimos rápidamente hacia el agua. Paramos de ipso facto en cuanto el primer dedo del pie entró en contacto con la gélida agua. Nos miramos, nos quedamos un ratito ahí, de pie, y nos dimos por bañados.

Descansamos un rato y decidimos regresar al pueblo. Para ello, debíamos caminar unos 20 o 30 minutos desde la playa hasta la entrada, desde donde tomaríamos el bus que nos llevaría de vuelta. En el estacionamiento de la playa, vimos a una mujer y su madre dentro de un coche. Decidimos probar suerte y les preguntamos si nos podían acercar hasta la carretera. Muy amablemente, nos dijo que sí y nos metimos en su coche. Dos "angelitos" que nos llevaron no hasta la carretera, si no hasta el pueblo, casi al lado del hostal. Por el camino, la mujer nos dijo que había un trecho de la carretera que le gustaba mucho: un túnel formado por los árboles de ambos lados de la carretera. Precioso. Le explicamos el recorrido que habíamos hecho y nos confesó que no sabía que se podía hacer, que ella siempre había ido solo a la playa de los Frailes y nada más.


Comuna Agua Blanca

Nos habían dicho que la visita a esta comuna, situada en el Parque Nacional Machalilla, al igual que la Isla de la Plata y la Playa de los Frailes, era muy interesante, así que decidimos ir... por nuestra cuenta, claro. Cogimos un bus en el pueblo que nos llevó hasta la puerta del parque. Una vez allá, después de darnos algunas explicaciones sobre el recorrido que haríamos y qué había de interesante, pagamos la entrada correspondiente y nos dispusimos a caminar los 5 km que nos separaban del museo y punto de partida del recorrido.

Bajo un sol de justicia (el día anterior había estado bastante nublado y ese día amaneció aparentando no ser muy distinto), nos pusimos protección solar y poco más, pues nos habíamos olvidado de llevar las gafas de sol y las gorras. Como no teníamos prisa alguna, hicimos caso omiso de los moto-taxi que pasaban y tocaban la bocina llamando nuestra atención. Cuando llevábamos más de una hora caminando, pasó un moto-taxi y nos preguntó si queríamos que nos llevara. Cuando pagamos las entradas, nos dimos cuenta que apenas llevábamos dinero, así que le dijimos que no teníamos dinero y se fue. Paró unos 10 metros delante nuestro. Nos pareció raro, pero seguimos andando. Cuando llegamos a su lado, nos dijo que nos subiéramos. Insistimos en que no teníamos dinero y nos dijo que estaba bien, no nos cobraría (de todos modos tenía que ir hacia allá). ¡Otro "angelito" más que se cruzó en nuestro camino!

Llegamos al Museo y nos dijeron que ya había un grupo formado y podíamos unirnos a ellos. Nuestro guía, que nació y vivió ahí toda su vida, nos explicó que Agua Blanca es una comunidad gestionada por familias originarias del lugar, tiene una extensión de unas 55.000 hectáreas, y es importante y conocida por las ruinas prehistóricas perteneciente a la cultura manteña, la ultima de la prehistoria ecuatoriana. Al lado del museo se hallaron urnas fúnebres y otros objetos, algunos de ellos se exponen allá.

Emprendimos el recorrido con nuestro divertido guía de apellido Ventura, quien no paró de hacernos bromas y comentarios relacionados con "la madre patria". Todo un personaje profundamente orgulloso de sus raíces "puras"... todo lo puras que le permite un apellido 100% europeo.

Cruzamos un río y llegamos a una especie de bosque, lleno de árboles, flores, pájaros, e incluso una pareja de búhos. Tienen algodoneros y nos mostró un fruto, como una avellana, que abrió y de ella salió algo parecido al algodón, con lo que también hacían hilo. Nos preguntó si queríamos ir a ver los restos arqueológicos o a la laguna de azufre. Como habíamos pagado y se suponía que incluía todo, votamos por ir a verlo todo, el resto del grupo se animó y así lo hicimos.

Llegamos a un lugar donde hay algunos palos clavados en el suelo, algunas piedras amontonadas y unos árboles. Nos explicaron que ése era un edificio importante... hay que poner mucha imaginación. Por suerte se expone una maqueta de los restos que se encontraron. La verdad es que para la importancia que tuvo en su día y la que le dan en la actualidad, nos resultó un poco decepcionante.

Seguimos caminando y nos explicó que hay un árbol que de joven, para protegerse, tiene muchos pinchos y que con el paso del tiempo, a medida que va creciendo, las va perdiendo dando paso a un altísimo árbol. Algunas veces, nos encontrábamos con vallas que delimitaban el camino y que debíamos superar subiendo unas escaleritas por un lado y descendiéndolas al cruzar por encima de la valla. No entendimos porqué no hicieron puertas.

Todo el recorrido es de una naturaleza y belleza impresionantes. Pasamos por unos lugares muy secos, por otros muy verdes. Y llegamos a un río. Al ser época seca no había mucha agua, así que pudimos cruzarlo sin dificultad. Cuesta imaginar que puede llegar a crecer más del 100% del caudal del momento.

Laguna de Azufre
Y, por fin, llegamos a la laguna de azufre, a la que se le reconocen propiedades curativas. Está vallada con troncos y tiene 4 pequeñas plataformas que dan acceso al agua. Nos ofrecieron unos tarritos con barro sacado del fondo de la laguna (en los extremos tiene una profundidad de poco más de un metro y, en el centro, unos 4 metros), así que nos embadurnamos de pies a cabeza, nos pusimos al sol y cuando parecíamos hechos de piedra, nos metimos al agua. El olor no es especialmente agradable, pero la sensación del agua tibia ablandando el barro es interesante. Debajo de las plataformas hay un espacio donde encontramos docenas de sapos.

Muy cerca a la laguna hay unas duchas (de agua fría) donde nos sacamos los restos de barro y nos pusimos ropa seca, pues debíamos emprender el camino de vuelta. Fuimos a un mirador desde donde pudimos ver las copas de los árboles y, al fondo, la sierra. Regresamos al museo y lo recorrimos, a pesar de ser pequeño es interesante.

Nos compramos un refresco y descansamos unos minutos, centrándonos en caminar los 5 km que nos separaban de la carretera. A los pocos pasos, vimos un caminón, le hicimos señas y nos dijo que nos podía acercar un poco, pero no hasta la carrertera, pues debían quedarse antes. Nos fue perfecto porque nos acercó más de la mitad del camino... otro par de "ángeles".

Llegamos a la carretera y decidimos hacer autostop. Bueno, como nunca antes lo habíamos hecho, primero nos asegurábamos de cómo eran las personas que iban en los coches, antes de levantar el dedo... así que no tuvimos mucho éxito. Entonces se paró una camioneta y nos ofreció llevarnos por el mismo precio del autobús. Como nos pareció más entretenido, decidimos aceptar y nos subimos en la parte de atrás, junto con una familia italiana. Como era el mismo camino que el del día anterior, nos acordamos del túnel de árboles que tanto le gustó a la mujer que nos llevó. Al no haber techo, pudimos disfrutarlo plenamente.

Y regresamos al pueblo, con un hambre feroz, pues habíamos calculado que estaríamos de regreso bastante antes.


Preparamos las mochilas y nos despedimos de ese sencillo y hermoso pueblo, donde dejamos un pequeño pedazo de nuestro corazón.



Información que te puede interesar:

¿Cuándo fuimos?: Mediados de julio de 2012

Bus de Latacunga a Portoviejo:
- 7$/persona
- 6 horas, aprox.

Bus de Portoviejo a Puerto López:
- 2$/persona
- 2 horas, aprox.

Tour Ballenas Jorobadas + Isla de la Plata:
- 45$/persona. Se puede encontrar por unos 40$ sin mucha dificultad. Hay tours mucho más baratos, pero no suelen ser de fiar.
- Full day

Bus de Puerto López a Playa de los Frailes:
- 0,50$/persona
- 30 min.

Playa de los Frailes: entrada gratuita.

Bus de Puerto López a Comuna Agua Blanca:
- 0,50$/persona
- 40 min.

Entrada Comuna Agua Blanca:
- 5$/persona

Alojamiento Puerto López:
- Albergue Turístico Dannita (la dueña se llama Solanda)
- Teléfonos: 085184076 (fijo); 095957031 (móvil)
- Dirección: Alejandro Lascano y García Moreno
- 7/8$ por persona


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3 comentarios:

Gaía Borni dijo...

y qué me puede decir sobre el costo de la comida en puerto lopez y sobre la vida nocturna.. gracias!

karin sivevao dijo...

Great job!!! I'm going to Puerto Lopez tomorow!! Lo siento po ingles, yo no hablo mucho espanol! :)

Oscar y Javita dijo...

Gracias Karin!! Esperamos que disfrutes de tu estancia en Puerto Lopez. No olvides ir a Isla de la Plata, las "Galapagos de los pobres", nos encanto :)

Gaia, estabamos seguros de que ya habiamos contestado a tu comentario, pero parece que no. La verdad es que no salimos por la noche, por lo que no podemos darte informacion al respecto. Unicamente que toda la vida nocturna se desarrolla en el Malecon.