São Paulo

A las 5h llegamos a São Paulo. Como era antes de lo previsto, quisimos adelantar trabajo y averiguar los horarios para nuestro siguiente destino... pero las oficinas estaban cerradas. Con nuestro gozo en un pozo, fuimos al metro para dirigirnos a casa de nuestros anfitriones Tereza e Igor, a quienes ya habíamos tenido el placer de conocer en Rio.

Fue fácil llegar, en el sentido de orientarnos, pero donde ellos viven todas las calles tienen un acentuada pendiente que hace el recorrerlas con las mochilas todo un reto. Igor nos estaba esperando, tenía que irse a trabajar pero nos dedicó un ratito antes. Entonces, apareció Tereza. Como los tres teníamos sueño y era muy temprano, decidimos ir a dormir un rato.


- Centro -

Ya descansados, nos fuimos con Tereza a pasear por el centro. Nos bajamos en la parada de metro Anhangabaú, donde está el Teatro Municipal y el Viaducto de Cha (encima está el viaducto, debajo de éste hay una carretera y debajo de ésta un río). Vimos desde arriba la praça Ramos de Azevedo y la Fonte dos desejos. De ahí nos dirigimos al Edificio da Prefeitura, Centro Cultural Banco do Brasil, Conjunto cultural da Caixa, Praça da Sé (donde está el marco zero, desde donde empiezan a contar los kilómetros del estado) y Catedral Metropolitana da Sé (de estilo neogótico).

Pateo do Colégio, aquí nació São Paulo

Paraty

Desde Rio, tras algo más de 4 horas en bus, llegamos a Paraty. Como siempre, con la mochila al hombro, nos fuimos a buscar alojamiento. Decidimos que Oscar se quedaría esperando con las mochilas y Javita iría a investigar (hay que comprobar la limpieza de los lugares antes de elegir uno y Javita es experta).

Cuando encontramos el adecuado, dejamos las cosas en el hostel y nos fuimos a pasear, para hacernos una idea de cómo era el pueblo y qué ofrecía.

Una de las calles de Paraty
Y Paraty tiene mucho que ofrecer. Recorrimos varias veces su centro historico, con edificios coloniales de color blanco, con calles y plazas empedradas, sin un solo coche, que invitan a ser recorridas tanto de dia como de noche


Rio de Janeiro

De Belo Horizonte nos fuimos a Rio de Janeiro, con muchas ganas de volver a la costa. Llegamos muy temprano, así que esperamos unas horas a que fuera una hora prudente para ir a casa de otro couchsurfer, Rafael, quien nos recibió con los brazos abiertos. Dejamos las cosas en su casa y nos ubicamos en la zona donde vive. Ese día lo dedicamos a ponernos al día, conocernos un poco más y escuchar todo lo que esta hermosa persona tenía por contar.

Nos contó, por ejemplo, que la remodelación del estadio de Maracaná y alrededores está valorada en unos 1.000 millones de reales. Además de la remodelación del estadio para el mundial, entre otras cosas quieren construir un aparcamiento de 2.000 plazas y, para ello, deben derribar instalaciones deportivas en uso y construidas para los juegos Panamericanos (en 2007). También hay piscinas donde la gente mayor hace ejercicio, pistas de atletismo y hasta un colegio (el mejor colegio púbico de Brasil, teniendo en cuenta que, según nos contaron, los colegios públicos no son nada buenos).

Respecto al tema del crack, comentaba que ahora se le da mucha publicidad pero que en realidad no se sabe con seguridad si hoy día es mucho peor que hace 5 o 10 años. Hay una gran polémica respecto a si es conveniente internar a los drogadictos o no, ya que sólo es posible por orden judicial o médica y sigue existiendo la duda de qué pasará con ellos después de la rehabilitación.


Belo Horizonte - Ouro Preto

Después de las 25 horas encerrados en un bus en el trayecto de Porto Seguro a Brasilia, las 11 horas que tardamos en llegar a Belo Horizonte se nos pasaron volando. Teníamos muchas expectativas en esa ciudad. Así que contactamos con un chico de couchsurfing, Nico,  que nos alojó en su casa unos días. Llegamos muy temprano a su casa, desayunamos algo y nos acostamos un rato. Dedicamos el día a buscar información, planificar y conocer un poco la ciudad.


-Centro de la ciudad-

Nuestro anfitrión nos llevó a un "Restaurante Popular", en el que por un módico precio puedes elegir entre un par de platos. Fue una experiencia interesante, pues no es para nada un lugar turístico, van los "sin techo" y personas con escasos recursos económicos. No es un restaurante agradable en el que apetezca sentarse un rato, si no más bien, comer rápido para irte lo antes posible de ahí. Tuvimos que hacer una larga cola, pagar una entrada y pedir lo que queríamos.

Brasilia

El viaje de Porto Seguro a Brasilia "solo" duró 25 horitas. Quizás estábamos tan mentalizados en lo mal que lo íbamos a pasar, lo aburrido que iba a resultar y lo incómodo que iba a ser, que se nos pasó mucho más rápido. Las primeras horas estuvimos completamente solos en el bus, después se subieron algunas personas, pero muy pocas, lo que nos permitió a cada uno ocupar dos asientos y así, cual contorsionistas, ir cambiando de postura.

En algún momento, de forma inesperada, el bus se llenó. No sabemos si lo hemos comentado con anterioridad, pero tenemos un cierto imán con los niños. Pero no con cualquier niño, atraemos en especial a esos niños cuyos padres han abandonado a su suerte y quienes pretenden que sea el resto de la humanidad quienes nos ocupemos de su educación. En fin, estábamos tan felices de haber dormido casi todas las horas que nos sentamos juntos y nos dispusimos a ver una película. No sabíamos muy bien cuál elegir, así que optamos por la más larga que teníamos: El Señor de los Anillos: Las Dos Torres.