Otavalo

Desde la frontera con Colombia cogimos una van (furgoneta) colectiva hasta Tulcán. En la terminal, en cuanto nos bajamos, empezaron a acosarnos con buses que iban a Quito, Otavalo, etc. Nuestra idea era ir a Otavalo directamente y, como aún quedaban plazas libres, nos hicieron un pequeño descuento. Éramos tres, pues conocimos a un austríaco en el colectivo de Ipiales a la frontera y decidimos seguir juntos, ya que suele resultar más económico.

El bus que tomamos no nos dejó en la terminal de Otavalo, no entraba a la ciudad, sino que nos dejó a un par de kilómetros. Esto no sería ningún problema si no fuera porque íbamos con las mochilas y nuestro recién incorporado compañero llevaba también material de escalada, así que su mochila pesaba unos 30 kilos. Decidimos coger un taxi, que nos salió bastante económico, hasta la plaza de la catedral.


Ahí, ya en el centro, empezó nuestra búsqueda de alojamiento. Preguntamos en varios lugares y todos se nos iban de presupuesto. Llegamos a uno que no nos pareció mal, aunque fuera con baño compartido y allí nos quedamos. Los dueños son muy agradables y siempre están dispuestos a informar de todo.

Dejamos las mochilas y fuimos a pasear un poco para situarnos en nuestro nuevo hogar temporal. Llegamos al mercado, donde solo quedaban algunas tienditas de frutas, y cerca también encontramos un supermercado. Nos abastecimos lo suficiente para desayunar los próximos días y decidimos ir a cenar. Nos costó mucho encontrar un lugar económico y, cuando nos decidimos por una hamburguesería, la habían cerrado. Al día siguiente descubrimos que en la Plaza de los Ponchos se ponen puestecitos que ofrecen buena comida a un módico precio. ¡Mucho mejor que una hamburguesa de dudoso estado! A partir de entonces, cenamos todos los días en la plaza.


Mercado de artesanía

Por lo general nos da igual qué día de la semana llegamos a un lugar, pero era importante estar en Otavalo el sábado para ir al gran mercado de artesanía, el más antiguo del mundo. Así que, como llegamos un viernes, lo teníamos todo perfectamente calculado.

El sábado fuimos a pasear por ese enorme mercado, repleto de artesanías (pulseras, collares, bandejas de madera hermosamente decoradas con colores vivos), ropa (pantalones, camisas, blusas), y algo de comida. Como tenemos el espacio muy limitado, decidimos no comprar nada... así que regresamos al hotel con dos pares de pantalones nuevos (que, gracias a una ardua negociación, conseguimos casi por la mitad de precio).

Mujeres indígenas vendiendo verduras
El mercado es impresionante. No solo se sitúa en la "plaza de los ponchos" (donde se ubican pequeños comercios todos los días), sino que se extiende por las calles circundantes, ocupando una gran extensión. Es precioso observar las cosas que venden, siempre de vivos colores y cuidadas hasta el mínimo detalle. También es una buena imagen la de los indígenas que, con sus trajes típicos, conceden al entorno un ambiente ancestral. Ellas aún mantienen sus trajes, sus largas faldas oscuras, las blusas blancas bordadas y los pañuelos con los que cubren sus cabezas. Ellos, en cambio, han sucumbido a las tendencias y ahora lo único que conservan son sus trenzas largas. Ya no visten de blanco y rojo como hace años.

Como nos contó después nuestro simpático amigo Juan, un couchsurfer con el que quedamos para tomar algo, Otavalo ha cambiado mucho en los últimos 10 años, se demolieron muchas casas pequeñas y bonitas para dejar paso al "progreso" y construyeron, en su lugar, edificios bastante mediocres. También los precios aumentaron considerablemente con la entrada del dólar como moneda de curso legal. Fue un placer coincidir con él, pues hablamos mucho sobre Otavalo y sobre Ecuador en general, y nos contó cosas como que los domingos está prohibido el consumo de alcohol (para los extranjeros esta norma es menos estricta).


Cascada de Peguche

El sábado, después de recorrer el mercado, decidimos ir a una cascada que no está lejos y se puede ir caminando. Las indicaciones del servicial dueño del hotel no fueron del todo claras, así que dimos un par de vueltas totalmente innecesarias.

Para ir caminando, lo mejor es llegar a la terminal de buses de Otavalo (hacia las afueras) y, una cuadra y media en dirección a las montañas, se llega a las antiguas vías del tren. El resto es tan fácil como seguirlas hasta encontrar el cartel indicativo de la cascada. No tiene pérdida y el camino es realmente bonito. Cruzamos un río donde había gente lavando la ropa y la tendía en uno de sus márgenes, creando un manto de colores.

La cascada de Peguche
Llegamos al cartel indicativo, donde hay una especie de "puerta" desde la que se accede a un espacio con varias tiendas a los lados. Luego hay otra "puerta" y sólo hay que seguir un caminito de tierra que pasa por una zona de cámping (no había ninguna tienda o carpa, solo gente comiendo), un desvío a unas piscinas naturales, otro a un mirador y, por fin, la cascada. Se puede pasar al otro lado del río cruzando por un puente estable de madera, pero no hay mucho que ver.

Después de llegar a la cascada, empezamos a regresar, yendo por todos los desvíos que encontramos. Primero el mirador, desde donde se tiene una bonita vista de la cascada desde algo más arriba; aunque el camino estaba lleno de barro y resultaba complicado mantener el equilibrio. Ahí nos encontramos con una familia muy divertida que nos tomó fotos, tan emocionados como si fuera la primera vez que veían una cámara.

Seguimos el descenso desviándonos esta vez hacia las piscinas naturales. Hacía bastante frío, así que no era muy apetecible darse un chapuzón, aunque sí había gente bañandose. Continuamos por un caminito y encontramos otras piscinas que no estaban señalizadas, donde había un grupo de adolescentes dándose un chapuzón.

Un poco más allá encontramos un muro bajo donde nos sentamos y preparamos el almuerzo. Comimos rodeados de la tranquila hermosura de la naturaleza y retomamos el camino de regreso. Esta vez pasamos por un puente colgante que sí se movía con el paso de la gente.

Ya en las vías del tren, pasamos por campos amarillos sembrados de trigo, por caminos polvorientos, casas humildes, niños corriendo y riendo,... Vale la pena ese paseo.


Laguna de Cuicocha

Se ofrecen varios tours para ir a la laguna, pero si viajas con un presupuesto bajo como nosotros, una alternativa es coger un bus en la terminal de Otavalo que vaya a Quiroga y de ahí, ir en taxi hasta la laguna. Lo ideal es ir en grupo, pues así compartes gastos y no tienes que esperar a que haya más personas. Nosotros tuvimos la suerte de encontrar una pareja que también iba, asi que nos subimos a la parte de atrás del taxi, al aire libre, y compartimos el precio.

Nosotros, la laguna y las islas del centro
Solo hay un acceso al agua de la laguna, donde se coge el barco que da un paseo hasta las islas que hay en su interior. El resto de la laguna se pasea por la parte superior. Hay varios recorridos pero parece que los más largos hay que hacerlos con guía. Nosotros empezamos por visitar el centro de interpretación, que ofrece una interesante explicación tanto de la formación de la laguna como de alguna leyenda.

De ahí, nos pusimos a caminar hacia un mirador y luego seguimos por unas escaleras hasta llegar a un rellano donde, contemplando una espectacular vista de la laguna, almorzamos.

A la hora de volver, le pedimos a una familia si nos podía acercar a Quiroga, pues llevábamos un rato esperando y no pasaban taxis. La verdad es que no esperamos mucho y nos pareció mejor intentar que alguien nos llevara. Al principio nos miraron con aires de sospecha y nos hicieron algunas preguntas dirigidas a averiguar si lo que le contábamos era cierto o no. La verdad es que era una familia agradable y le damos las gracias por habernos ayudado en ese momento. En Quiroga esperamos el bus a Otavalo y regresamos a "casa".


Mirador de Otavalo

El último día en Otavalo decidimos hacer acopio de energía y subir las escaleras que conducen al mirador, que ofrece una impresionante imagen de Otavalo. Solo entonces, uno se da cuenta del tamaño de esta ciudad. Ahí se ubica un edificio con forma de colibrí que alberga una sala de exposiciones.

Nos despedimos de esta hermosa ciudad con cariño y algo de pena para dirigir nuestros pasos a la capital, Quito.



Información que te puede interesar:

* ¿Cuándo fuimos?: Principios de julio de 2012

Transporte de la frontera a Otavalo:
* Colectivo de la frontera a Tulcán (sale cuando se llena):
- 0,75$/persona
- 20 min. aprox.

* Bus de Tulcán a Otavalo:
- 2,5$/persona (negociado)
- 3 horas

Laguna Cuicocha:
* Bus de Otavalo a Quiroga:
- 0,75$/persona
- 20 min. aprox.

*Taxi de Quiroga a la laguna:
- 2,5$/pareja (5$ en total)
- 15 min. aprox.

Alojamiento en Otavalo:
- Hotel Sammay Inn, en la esquina de Bolivar con Abdón Calderón
- Habitación triple con baño compartido (ofrecimos no cambiar de habitación para que no tuvieran que cambiar las sábanas y así rebajar el precio)
- Precio negociado: 6$/persona las 2 primeras noches, después 5$/persona (en nuestra guía pone como precio orientativo 20$/persona)



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