Popayán - Piendamó - Silvia

Esa mañana nos despertamos en San Agustín, madrugamos para coger un bus que nos llevara hasta un cruce donde tomaríamos otro autobús que nos dejaría en Popayán. Parece que la persona encargada de abrir la agencia se durmió. Eran las fiestas de San Pedro y San Pablo, así que seguramente la noche anterior estuvo de fiesta... como nosotros.

Después de esperar un rato, decidimos ir a preguntar a un taxista cuánto nos costaría que nos llevara al cruce donde pasaban los autobuses que iban a Popayán. No conseguimos negociar, pero tampoco teníamos más alternativa, pues caminar 5 km con las mochilas a cuestas no era una opción. Subimos en su camioneta, junto con 3 hombres más.

Nos bajamos en el cruce y decidimos intentar hacer autostop. Todos los camiones y coches que pasaban iban llenos hasta arriba. Por suerte, después de no mucha espera llegó nuestro autobús. Varios hombres que había allí nos recomendaron negociar el precio y, como no teníamos prisa, eso jugaba a nuestro favor. Conseguimos una buena rebaja y nos subimos al autobús.


Continuamos la marcha hasta que nos paró un control de policía. Todos los hombres tuvieron que bajar, los registraron y cachearon, mientras que las mujeres nos quedamos dentro del autobús. Antes de bajar, muy precavidamente, un chico que estaba sentado delante nuestro escondió una navaja detrás de su asiento.

Una vez volvíamos a estar todos en el autobús, éste siguió su trayecto saltando y brincando alegremente, sin tregua para nuestras espaldas maltrechas. Eso sí, todo malestar era compensado con el hermoso paisaje de montañas y ríos. Ascensos y descensos bruscos por los montes nos regalaban variados entornos.


Por fin llegamos a Popayán, donde también habíamos contactado con un couchsurfer. Nos llevó a comprar y a un city tour exprés por la ciudad. Primero fuimos al pueblito patojo, de ahí subimos al cerro de Belalcázar, desde donde se puede contemplar una preciosa panorámica de la ciudad y se puede apreciar su extensión.

Seguimos caminando a buen paso por las calles de esta bella ciudad colonial, de un blanco reluciente (nos contaron que la pintan enterita después de semana santa). Llegamos a la universidad y subimos al último piso para observar el enorme fresco que preside el auditorio y que plasma la historia de Popayán.

Catedral de Popayan
Continuamos hasta la catedral. Según nos explicaron, el reloj de su torre se estropeó y lo mandaron a reparar a Londres... nunca más funcionó. Alrededor de la plaza de la catedral hay varios bancos y, como siempre, casi todos tienen sus colas de gente esperando para poder sacar dinero o, lo que es peor, pagar.

Hicimos una breve pausa en el camino para comer unos deliciosos tamales, una pasta de choclo (maíz) envuelta y cocida en hojas de maíz, y seguimos la ruta. Llegamos a un puente grande por donde pasan coches, el puente del humilladero, y al lado está el puente viejo, peatonal y que cruza el río Molino. Y terminó nuestro paseo por la ciudad.



Nos levantamos no muy tarde, desayunamos los tres juntos y nos fuimos a Piendamó, un pueblito vecino que se caracteriza por el mercado de los sábados, donde se reúnen indígenas de la zona para comerciar con artesanía y otros productos. Paseamos por sus calles, que nos parecieron desprovistas de encanto si no llega a ser por el colorido de sus gentes.

De ahí, volvimos a subir al coche y nos dirigimos rumbo a Silvia, yendo por un camino rodeado de naturaleza. En la plaza de la catedral de Silvia nos encontramos con varios grupos de indígenas, los guambianos, reconocibles por sus faldas negras, camisas blancas, ponchos de color azul eléctrico y sus sombreros negros y abombados, o planos y de paja. Y, como no, por sus colas o trenzas.

Una plantacion de amapolas
Volvimos al coche para continuar por un camino que nos llevaría hasta un restaurante. Aunque antes de llegar allá, pasamos por un par de cementerios (uno de ricos -con formas más modernas- y otro de pobres), piscifactorías de truchas arco iris (una alternativa a las plantaciones de amapolas -con las que fabricar opio- que se extendían por sus terrenos en el pasado), y algún que otro campo de dichas flores. Llegamos al restaurante, donde comimos unas ricas y frescas truchas ahumadas, pues vimos como las pescaron de una de las piscinas.

De nuevo, llegamos al pueblo. Aparcamos el coche en la base de la iglesia de Belén, que está en la cima de un cerro. Subimos caminando hasta arriba y pudimos observar una vista panorámica y caminar por un sendero que empezaba por la parte trasera.


Popayán (II)

Nos despertamos pronto, desayunamos con nuestro couch y nos fue a llevar a la terminal de buses. Nuestra idea era quedarnos en la ciudad un día más, pero alojados en un hostel, así que nos fue perfecto que nos dejara en el centro. Ya habíamos visto algunos alojamientos económicos, por lo que nos dirigimos a los que nos quedaban más cerca.

Nos dimos una larga y depuradora ducha de agua caliente, y salimos a pasear con calma por la ciudad. Lamentablemente era domingo y todo estaba cerrado, así que solo vimos fachadas. El primer edificio al que llegamos fue el Hotel Dann Monasterio, construido como su propio nombre indica en un convento franciscano del siglo XVI restaurado. Entramos para ver el hotel por dentro y para comprobar si tenía buenas vistas de la iglesia. Extraordinario. No pudimos recorrer todo el hotel porque, muy educadamente,nos echaron al verificar que no éramos huéspedes.

Una de las iglesias de Popayan
Continuamos paseando por ese otro Popayán, el de las calles vacías. ¡Qué opuesto al día en que llegamos! Entonces todo era barullo de gente, prisas, ruidos. En domingo, la ciudad duerme.

Decidimos subir a una iglesia que está a lo alto de un promontorio. Llegamos hasta el final de una calle, desde donde empieza un camino que asciende hasta ella, con representaciones escultóricas del vía crucis. Desde arriba se observan los techos de la ciudad y, de fondo, las montañas. Hermoso.

Comimos algo rápido y barato mientras veíamos el primer tiempo de la final de la Eurocopa entre España e Italia. A la media parte, salimos a pasear y a buscar un sitio donde comer un rico postre y ver el segundo tiempo. Con la alegría del triunfo de España, seguimos recorriendo la ciudad. Ahora había más gente por la calle, pero la ciudad seguía moviéndose a cámara lenta.

Volvimos al hotel, nos preparamos la cena y nos fuimos a dormir.


Información que te puede interesar:

¿Cuándo fuimos?: Finales de junio de 2012

Taxi colectivo del centro de San Agustín al cruce:
- 2.000COP/persona
- 15 minutos

Bus del cruce de San Agustín a Popayán:
- 22.500COP/persona (precio negociado)
- 6 horas

Trucha ahumada:
- Restaurante "La Playa" (en Silvia)
- 8.000COP/persona

Alojamiento en Popayán:
- 17.000COP/persona


Mas sobre Colombia

No hay comentarios: