Baños

Decidimos coger un bus nocturno para hacer uno de los recorridos más largos que haríamos en Ecuador y poder llegar de mañana prontito... y bien pronto que llegamos, que aún no había amanecido. Aún así nos pusimos de inmediato a buscar alojamiento. Y nuestra búsqueda dio fruto pues a las 6 ya habíamos hecho nuestra elección y en el hotel nos dejaron una habitación para descansar hasta la hora del check-in (las 12).

Baños es un pueblo bastante dedicado al turismo, ubicado en un valle totalmente rodeado de altas montañas y más cerca de la selva ecuatoriana de lo que aparenta por su clima.

Guayaquil

En Puerto López nos subimos a un bus con destino a Guayaquil, con mucho colorido y lleno de carteles aclaratorios como "todo niño mayor de 5 años paga pasaje" y, al lado, otro que decía "si el niño es hijo del conductor no paga pasaje". Importante que no haya confusiones después...

Llegamos a Guayaquil, con cierto retraso, y cogimos un taxi hasta casa de nuestro couch Rafa. Él nos había dicho cuánto nos costaría aproximadamente, así que en la terminal preguntamos precios a los taxistas y todos nos decían un 30% más de la referencia que teníamos. Como no nos gusta tener que pagar más solo por ser extranjeros, fuimos descartando hasta encontrar uno que nos dijo un precio aceptable. Lamentablemente no tenía mucha idea de dónde estaba la dirección exacta, así que dimos algunas vueltas de más, pero el precio se mantuvo.

Puerto López

Después de pasear por Latacunga, fuimos al hotel a recoger las mochilas y nos fuimos hacia la compañía que nos iba a llevar hasta Portoviejo, donde deberíamos tomar otro autobús para llegar a Puerto López. Era el camino más sencillo y más directo.

El autobús, como todos los que cogimos en Ecuador, era incómodo y no paraba de subir y bajar gente continuamente. Por fin llegamos a Portoviejo, un par de horas antes de lo que nos habían dicho. Nos bajamos, con prisas, en la terminal, llena de personas que nos miraban con desconfianza, como si hubieran visto un extraterrestre... o dos, en este caso. Uno de los buses que iban a Puerto López acababa de salir hacía pocos minutos, así que nos tocó esperar un buen rato, envueltos en un clima de gran humedad, calor e inseguridad.

Por fin apareció el bus que nos llevaría a nuestro destino, así que mientras uno fue a comprar los pasajes, la otra se quedó con las mochilas y controlando que no se fuera nuestro transporte sin nosotros. No queríamos pasar ni un minuto más en esa estación.

Latacunga

De Quito nos fuimos hacia Latacunga, a escasas 2 horas de distancia. Allá, como siempre, dedicamos un buen rato a investigar los hoteles/hostales más económicos. Después de un buen rato, dimos con uno que no estaba del todo mal; dejamos las mochilas y nos fuimos a dar un paseo en busca de un lugar para cenar. No nos acostamos muy tarde porque al día siguiente habíamos quedado con dos personas de couchsurfing para ir a la laguna Quilotoa.



Esta excursión se puede realizar de dos maneras: mediante agencia o por tu cuenta. Por supuesto, la primera opción es bastante más cara, aunque mucho más cómoda también. Nosotros nos decidimos por la segunda. Para llegar hasta allá, desde Latacunga, hay que tomar primero un bus a Zumbahua y, una vez allá, una camioneta para llegar a la laguna (no es factible hacer ese trayecto caminando).

Quito

Fuimos a la terminal de Otavalo a esperar el primer bus que saliera y, como de costumbre, tuvimos suerte y no tuvimos que esperar. Tampoco pudimos negociar el precio, pero la verdad es que el transporte es tan barato (casi tanto como incómodo que es) que resulta ridículo intentar una rebaja.

Al cabo de un par de horitas llegamos a la capital del país, Quito. Nuestro couchsurfer allí nos recomendó coger uno de los buses que pasan cerca de la terminal, así que preguntamos si pasaban por la dirección que teníamos y, como nos dijeron que sí, nos subimos. Esto os puede dar una ligera pista de lo que sucedió después. Íbamos mirando el mapa y veíamos que nos acercábamos a nuestro destino. Como le recordamos un par de veces que nos tenía que avisar y el cobrador asintió, como si nos hubiera entendido, estábamos bastante tranquilos y esperando que, en cualquier momento, nos diera la señal. Estábamos muy cerca de nuestro destino cuando el bus giró por una calle. Pensamos que sería para rodear una calle, pero oh! sorpresa! Nos dejó en el centro de la ciudad!! Lejos, bastante lejos de donde íbamos. Le preguntamos porqué no nos avisó antes y nos confesó que, en realidad, no sabía muy bien dónde estaba la calle que buscábamos.

Otavalo

Desde la frontera con Colombia cogimos una van (furgoneta) colectiva hasta Tulcán. En la terminal, en cuanto nos bajamos, empezaron a acosarnos con buses que iban a Quito, Otavalo, etc. Nuestra idea era ir a Otavalo directamente y, como aún quedaban plazas libres, nos hicieron un pequeño descuento. Éramos tres, pues conocimos a un austríaco en el colectivo de Ipiales a la frontera y decidimos seguir juntos, ya que suele resultar más económico.

El bus que tomamos no nos dejó en la terminal de Otavalo, no entraba a la ciudad, sino que nos dejó a un par de kilómetros. Esto no sería ningún problema si no fuera porque íbamos con las mochilas y nuestro recién incorporado compañero llevaba también material de escalada, así que su mochila pesaba unos 30 kilos. Decidimos coger un taxi, que nos salió bastante económico, hasta la plaza de la catedral.

Colombia: información para tu viaje.

Éste es el último post que tenemos pensado escribir sobre Colombia, un maravilloso país que nos enamoró por sus encantos. Estamos satisfechos de haber empezado nuestra aventura en este país. Nos hemos sentido como en casa la mayor parte del tiempo.

Con este post queremos cerrar un capítulo y hacer un breve resumen de nuestras impresiones.


Lo que no debes perderte de Colombia:

1. Museo del Oro, Bogotá. Ve con tiempo y apúntate a una visita guiada (son gratuitas; hay en castellano y en inglés). Duración: 2 horas (aprox.).

2. Subir al Cerro Monserrate, Bogotá. Se puede hacer en teleférico o a pie (para ello, es necesario estar unos días en la ciudad para que el cuerpo se aclimate a la altura). Nosotros subimos a pie y bajamos en teleférico, llegamos con la lengua fuera y la satisfacción de haberlo conseguido. Duración: medio día.

3. Visitar el pequeño pueblo de Villa de Leyva. Puedes ir desde Bogotá a pasar el día o bien dormir ahí (nosotros nos quedamos 2 noches). Duración: medio día.

4. Trekking a Ciudad Perdida, Sierra Nevada, Santa Marta. Es duro físicamente, pero el pleno contacto con la naturaleza y conocer la historia de esta cultura hacen que el esfuerzo valga la pena. Duración: 5 días.

5. Centro histórico de Cartagena de Indias. Una preciosa ciudad colonial tanto de día como de noche. Duración: un día.

6. Valle del Cocora, Salento. Recomendamos hacer el recorrido completo, empezando por el bosque de niebla, pasando por la finca La Montaña y terminando por el valle cubierto de esas gigantescas palmas de cera. Duración: una mañana.

Pasto - Ipiales

Esa mañana decidimos no madrugar mucho. Estábamos en Popayán y queríamos ir a Pasto. Otra carretera sin terminar y bastante incómoda nos esperaba. Nunca hemos visto un paisaje tan impresionante como éste. Sobre todo el último trecho, donde hay una quebrada, la unión de dos montañas, el atardecer,... Sin palabras.


Dejamos las cosas en el hostel y nos fuimos a pasear un poco, para situarnos en la nueva ciudad.

Dormimos muy bien y nos levantamos con gran apetito. Quedamos con César, un amigo de mi padre (de Javita), quien nos invitó a comer cuy "galleta", es decir, crujiente. El cuy es conocido también como conejillo de indias, guinea pig o cobaya (demasiados nombres para un animal tan pequeño). Por suerte lo trajeron ya cortado, pues nunca lo habíamos visto entero (y como sabemos cómo es, nos hubiera dado mucha pena). Dejamos de lado la autocensura y disfrutamos del rico manjar. Estamos de viaje y debemos probar los platos típicos de cada zona.

Popayán - Piendamó - Silvia

Esa mañana nos despertamos en San Agustín, madrugamos para coger un bus que nos llevara hasta un cruce donde tomaríamos otro autobús que nos dejaría en Popayán. Parece que la persona encargada de abrir la agencia se durmió. Eran las fiestas de San Pedro y San Pablo, así que seguramente la noche anterior estuvo de fiesta... como nosotros.

Después de esperar un rato, decidimos ir a preguntar a un taxista cuánto nos costaría que nos llevara al cruce donde pasaban los autobuses que iban a Popayán. No conseguimos negociar, pero tampoco teníamos más alternativa, pues caminar 5 km con las mochilas a cuestas no era una opción. Subimos en su camioneta, junto con 3 hombres más.

Nos bajamos en el cruce y decidimos intentar hacer autostop. Todos los camiones y coches que pasaban iban llenos hasta arriba. Por suerte, después de no mucha espera llegó nuestro autobús. Varios hombres que había allí nos recomendaron negociar el precio y, como no teníamos prisa, eso jugaba a nuestro favor. Conseguimos una buena rebaja y nos subimos al autobús.