Tunja y Villa de Leyva

Y llegó el día de la despedida, el día que marcaba el inicio real de nuestra aventura.

Llegar a Bogotá fue, en verdad, el pistoletazo de salida de nuestro viaje, pero no de la aventura, pues llegamos a casa amiga. Gracias a Isma y a Diana nos sentimos como en casa esos cinco primeros días. Compartimos muy buenos momentos y nos empezamos a hacer a la idea de que ya estábamos fuera de nuestro hogar. Pero nuestro viaje a Colombia no podía detenerse ahí por muy bien que nos sintiéramos.

Tunja

Plaza de Bolivar en Tunja

Nos levantamos pronto para coger el bus hacia Tunja. Llegamos por la mañana y fuimos directos a casa de Jonathan, para dejar las mochilas. Fuimos a comer con él y sus compañeras de piso y luego fuimos por el centro de la ciudad. Aparte de caracterizarse por calles muy empinadas, realmente no tiene mucho para ver. Tomamos una buseta y fuimos a Puente de Boyacá (gratuito), un monumento interesante pero tampoco imprescindible (con la vista que ofrece el bus cuando se acerca a Tunja, consideramos que es suficiente).

Monumento a Bolivar en Puente de Boyaca
El Puente de Boyaca

Para volver del monumento, nos dijeron que teníamos que parar una buseta. Como no pasaba ninguna, le preguntamos a un policía que estaba ahí cómo volver. Casualmente ese policía estaba hablando con un señor que, muy amablemente, se ofreció a llevarnos a Tunja. Nos fuimos conversando todo el camino y comprobamos, de primera mano, algo que oímos después a un conductor de autobús. Nos dejó en la Universidad (UPTC), donde nos alojábamos. Mas tarde fuimos a una conferencia que daba una compañera jamaicana de piso de Jonathan sobre su país, fue muy interesante y, de paso, refrescamos nuestro inglés. Terminada la conferencia, fuimos todos a cenar y a tomar algo. Pasamos una velada genial intercambiando tradiciones de cada país, con personas encantadoras, unas colombianas y otras de varias partes del mundo.

Tunja es una ciudad universitaria con un muy buen ambiente.

Villa de Leyva

Al día siguiente cogimos otro autobús para ir a Villa de Leyva. El conductor comentó que había leído en el diario que Tunja es la ciudad más segura de Colombia y que el último "asesinato", es decir, la última vez que fueron la policía y el forense, fue hacía más de 20 años... lo que nos pareció realmente curioso es que ese "asesinato" se debió a un campesino muerto por un rayo.

Llegamos a Villa de Leyva, un pueblito pequeño y precioso. El hotel quedaba bastante cerca de la terminal (como casi todo), así que fuimos andando a dejar las mochilas y a situarnos un poco. Nos ofrecieron un té y un café y nos fuimos a pasear. Sólo nos quedábamos un día ahí, por lo tanto teníamos que decidir bien qué hacer. Ofrecen muchos tours, excursiones, termales, etc. Nosotros decidimos ir hacia los "pozos azules" andando (para economizar pero también para estar a nuestro aire y en contacto con la naturaleza). Estuvimos 3 horas caminando, aprovechamos que teníamos la comida preparada para comer frente a un maravilloso paisaje y hacer la digestión sintiéndonos afortunados por estar ahí, en ese preciso instante.





Estuvimos andando, sin rumbo fijo, bajo el sol y, a veces, con algo de brisa, juntos y felices. Sentimos que estamos en el lugar y momento correctos.







Volvimos al pueblito, a pasear por sus calles empedradas. Precioso pero poco práctico. No es nuestro caso, pero si alguien quiere ir con zapatito de tacón ¡que se lo piense dos veces! No hay muchos monumentos que ver, pero el pueblo tiene un encanto propio, lleno de casitas coloniales, recorrer sus calles es toda una experiencia. Tiene una plaza mayor, enorme, empedrada y con wifi gratuito. La vista general de esa plaza desde los soportales nos maravilló.


Cenamos en un restaurante y nos fuimos al hotel para descansar, puesto que nos esperaba un largo recorrido hasta nuestro siguiente destino: el Caribe, mi amol.

* ¿Cuándo fuimos?: Segunda semana de mayo de 2012

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