Finca cafetera "Hacienda Venecia" (Manizales)

Nos despedimos de Medellín y, desde la terminal del sur, cogimos un bus hacia Manizales. Nos bajamos en San Peregrino, donde comimos una abundante bandeja paisa mientras esperábamos que nos vinieran a buscar para llevarnos a la Hacienda Venecia, una finca cafetera donde pasaríamos la noche y, al día siguiente, haríamos un tour cafetero. Nada más llegar a la Hacienda, dejamos las mochilas, nos pusimos el bañador y nos metimos en la piscina. ¡Qué fría estaba el agua! Ya estaba empezando a atardecer y, por lo tanto, el sol ya no calentaba. Cuando estábamos empezando a ponernos morados del frío, decidimos salir y darnos una larga ducha caliente. Nos abrigamos bien y salimos de la casa, nos tumbamos en las hamacas que rodean la casa para leer un rato, rodeados de una hermosa belleza. No recordábamos cuándo habíamos estado tan relajados, sientiéndonos en paz y con tal absoluta tranquilidad.

Cenamos unos bocadillos que llevábamos, pues ir a la Hacienda fue un lujo para nosotros (también a nivel económico) y nos fuimos a dormir.

Dormimos como bebés. Con un hambre feroz, nos levantamos para esperar el desayuno. Desayunamos con una mujer francesa que llevaba unos 6 meses viajando y una pareja formada por un inglés y una alemana que se conocieron en Australia. Después de compartir fragmentos de nuestras vidas, fuimos a preparar las mochilas para seguir nuestro camino después del tour cafetero.

Medellín

Nuestra llegada

Después de 13 horas en un autobús con gente roncando, vomitando... por fin llegamos a Medellín desde Cartagena de Indias. Fue largo, pero mucho mejor que el anterior de largo recorrido (de Tunja a Santa Marta). En estos viajes largos hay que aprovechar el tiempo, por ejemplo, escribiendo un post.

Llegamos muy temprano a Medellín, a la terminal norte (esta ciudad es tan grande que tiene dos terminales que no están nada cerca). Nos subimos al metro como sardinas en lata y luego cogimos un bus que nos dejó cerca de donde nos alojaríamos. Nos sorprendió la amabilidad de la gente en el metro: nadie habla a gritos (ni entre ellos ni por el móvil), los que entran ceden el paso a los que salen, piden permiso para pasar, ceden el asiento a la gente mayor,... En fin, todo un contraste con la gente que dejábamos atrás. Más tarde nos explicaron que es un fenómeno que sólo se da en ese medio de transporte, la llamada "cultura metro". Nos parece que de todos modos son más educados, por lo general, pues incluso cuando bajamos del bus, preguntamos a un par de personas cómo llegar a la dirección exacta y hasta se ofrecieron a llamar a nuestro contacto. Todo un detalle que nos emocionó enormemente.

Cartagena de Indias

Esa mañana nos despertamos muy temprano, a pesar de haber mal dormido escasas horas, pues habíamos vuelto exhaustos de la "Party Chiva" sobre las 2.30h de la madrugada y un par de horas después nos despertó el escándalo montado por los típicos niñatos extranjeros de esos que no saben beber y que dan vergüenza ajena. Pasado ese "incidente", conciliamos el sueño hasta que el calor nos despertó y nos obligó a levantarnos. Desayunamos y preparamos las mochilas, pues nuestra estancia en The Dreamer Hostel, llegaba a su fin. Puntualmente, llegó el transporte que nos llevaría al hostel contratado en Cartagena de Indias (un servicio que se llama "hostel to hostel", que no es mucho más caro que ir en bus y luego tomar taxi pero sí mucho más cómodo, pues evitamos el andar cargando las mochilas innecesariamente).

Algo que siempre hay que tener en cuenta son los omnipresentes atascos. Llegamos pasada la hora de comer, sin haber comido y sin haber podido comer en la buseta, pues parecía más una atracción que un carro: constantes frenazos, acelerones, curvas a toda velocidad,... Íbamos un poco mareados.

Santa Marta y Ciudad Perdida

DÍA 1. Llegada a Santa Marta

Después de un viaje de 14 horas (que se convirtieron en uno agotador de 18 horas), por fin llegamos a Ciénagas. Nada más bajar del bus, recibimos una bofetada de calor y humedad. Pero... ¡eh, habíamos llegado al Caribe! Luego nos subimos a una buseta destartalada que nos llevaría a la terminal de Santa Marta y, en ese preciso instante, nos empezamos a dar cuenta de dónde estábamos, una emoción mezcla de euforia y nerviosismo se apoderó de nosotros. Con nuestras mochilas y rodeados de gente del lugar. Eso es lo que estábamos buscando: integrarnos en la realidad. Luego tomamos un taxi (nuestro primer "regateo", pues la persona que repartía a la gente entre los taxis nos dijo que costaba 6.000COP, Javita entendió 3.000COP, así que antes de subirnos le confirmamos al taxista directamente que eran 3.000COP, a lo que él respondió que no, que eran 5.000COP) y llegamos, por fin, al hostel donde teníamos reserva (The Dreamer hostel).

Nada más llegar al hostel y dejar las mochilas en la habitación, decidimos ir a comprar la cena y el desayuno al supermercado más próximo, el famoso "Éxito", situado en el centro comercial Buena Vista. Cuando entramos en el supermercado, en la calle hacía un calor sofocante y, cuando salimos, empezaron a caer unas gotas, que se convirtieron súbitamente en una intensa tormenta tropical.

Tunja y Villa de Leyva

Y llegó el día de la despedida, el día que marcaba el inicio real de nuestra aventura.

Llegar a Bogotá fue, en verdad, el pistoletazo de salida de nuestro viaje, pero no de la aventura, pues llegamos a casa amiga. Gracias a Isma y a Diana nos sentimos como en casa esos cinco primeros días. Compartimos muy buenos momentos y nos empezamos a hacer a la idea de que ya estábamos fuera de nuestro hogar. Pero nuestro viaje a Colombia no podía detenerse ahí por muy bien que nos sintiéramos.

Tunja

Plaza de Bolivar en Tunja

Bogotá

Día 1. Llegada a Bogotá

Llegamos a Bogotá con media hora de retraso porque el avión tuvo que esperar que le tocara turno para aterrizar. A pesar de ser un aeropuerto internacional, sólo tiene 2 pistas, así que parece que esto es bastante habitual.

Cuando llegamos ya era de noche, pero tuvimos la suerte de que nos fuera a recoger nuestro amigo Isma, así que fuimos directo a su casa, cenamos y nos fuimos a dormir.

Día 2. Relax

Lo tomamos en plan relax ya que a la diferencia horaria y al cansancio por no haber podido descansar en todo el vuelo (cortesía de un par de niños extremadamente maleducados que nos dieron la vara toooodo el camino), teníamos que sumarle la altura (Bogotá se encuentra a 2.600 m.s.n.m., aprox.) que nos tenía agotados.