San Juan - Ischigualasto o Valle de la Luna

Desde Cafayate, nos informaron que la mejor forma para llegar a Valle Fértil era pasando por San Juan, por lo que desde Cafayate nos fuimos a Tucumán y de ahí a San Juan. En realidad parece que hay una forma más directa, yendo por La Rioja, pero no nos arrepentimos de haber tomado ésta.

El recorrido desde Cafayate tiene algunas curvas, pero es espectacular. Predominaba el verde por todas partes. De repente, apareció una pequeña bruma que, rápidamente, se convirtió en una espesa niebla que lo cubría todo, incluyendo la carretera por donde viajábamos. Al cabo de poco tiempo, tal como vino… desapareció.

Bruma de camino a Tucuman

Cafayate

Fue un viaje muy largo y pesado, salimos de Cachi a las 4h de la madrugada y, tras una parada en Salta para recoger nuestro equipaje, nos dirigimos a Cafayate. Llegamos agotados.

Nos ofrecieron un par de alojamientos que no nos convencieron, así que nos fuimos a investigar más opciones. Encontramos un hostel donde nos hicieron descuento, elegimos una habitación de 10 camas donde solo había una chica más… hasta que llegaron otras 3 personas más tarde.

Preguntando a un "local" por alojamiento barato

Cachi

De La Quiaca nos fuimos a Salta y, como llegamos antes de lo previsto, nos informamos de los horarios a Cachi y fuimos a desayunar. Como venía siendo habitual en nosotros, regresamos con el tiempo justo para subirnos al bus a las 7h de la mañana.

Llegando a Cachi

La Quiaca - Yavi

Los cuatro, a cada cuál más adormilado, cogimos el bus de las 6h de la mañana. Tardamos bastante menos en llegar a Humahuaca de lo que tardamos a la ida. Nosotros compramos el pasaje para La Quiaca y aquí nos despedimos de Gorka.


-La Quiaca-

Nuestra primera impresión, después de haber pasado los últimos días en lugares donde parecía que el tiempo se detenía, fue de caer en una ciudad total y absolutamente caótica. Nada más bajar del bus nos abofeteo el calor y los gritos de los vendedores de pasajes que competían en agresividad. Nos informamos de los buses a Salta, para cuando quisiéramos volver, y nos despedimos con tristeza de Núria.

Comimos en uno de los restaurantes más baratos que encontramos. Lo más curioso fue que, al pagar, no nos querían aceptar el billete de 100 pesos por ser tan nuevo que ni ellos lo conocían (cuando nosotros fuimos estaban expidiendo nuevos billetes de 100 pesos, aunque lo que deberían hacer es renovar los de 2 pesos, que hay que cogerlos con pinzas). No aceptaron nuestro billete como forma de pago, pero sí nos lo pidieron para enseñárselo a más gente.

Iruya

Madrugamos para salir en el bus de las 8h hacia Iruya, en un bus que iba directo. Llegamos con tiempo de sobra, compramos los pasajes y esperamos. Interrogábamos a cada conductor que llegaba pero ninguno iba a Iruya. Cuando pasaban más de 30 minutos de la hora, fuimos a preguntar y nos dijeron que las carreteras estaban mal debido a las lluvias y el bus no había podido llegar. Por suerte preguntamos, porque no tenían la más mínima intención de avisarnos. Nos devolvieron el dinero y compramos pasaje en otra compañía que no iba directo, así que volvimos a hacer "escala" en Humahuaca.

Vistas desde el asiento del bus a Iruya
Subimos en un bus en el que la mayoría éramos extranjeros. En las paradas siguientes empezó a subir más gente, algunos bastante mayores. Nos sorprendimos cuando vimos que nadie cedía su asiento, ni extranjeros ni locales. Entonces subió una pareja de abuelitos muy mayores, el asiento de delante de Javita quedó libre y se sentó la señora, así que ella se levantó a ceder su asiento al marido. Nadie más se levantó para el resto de gente mayor. Parece ser que, lamentablemente, el respeto a las personas mayores se ha perdido.

Tilcara y Purmamarca

Al día siguiente, cargados solo con las mochilas pequeñas, nos fuimos a la terminal para coger un bus hacia Humahuaca, pusieron una película... así que nos perdimos el espectacular paisaje (debía ser bien bonito cuando toda la gente que conocimos nos lo fue diciendo). La terminal de Humahuaca es bastante sencilla, de ahí cogimos otro bus a Tilcara.

Cuando esperábamos para bajar del bus, ya en Tilcara, Javita conoció a Núria (de Barcelona). Nosotros teníamos una lista con los hostels más baratos, así que se nos unió. El más barato solo tenía 2 camas, nos quedamos nosotros. Dejamos las mochilas y nos fuimos al Pukará (fortaleza), ya que ese día era gratis (parece que son los lunes y no los martes como indicaba nuestra guía).

Nos sentamos en el jardín de cactus del Pukará y nos comimos la tortilla que habíamos preparado el día anterior. Paseamos por nuestra cuenta, recorriendo las "ruinas" (son reconstrucciones). En la parte más alta nos encontramos con las dos españolas, Núria y Umbe. Terminamos el paseo juntos. No sabíamos que la hora de cierre era tan sagrada, así que cuando llegamos a la puerta nos vimos encerrados en las ruinas. Tuvimos que saltar la valla para poder salir.

A la noche encontramos un restaurante donde había carne de llamo a buen precio y, para nuestra sorpresa, espectáculo. Como habíamos llegado temprano al restaurante, cuando terminamos de cenar aún no había empezado el espectáculo, pedimos otra cerveza más y, al cabo de un rato, llegó una pareja con dos niños. Era música folclórica, con instrumentos indígenas. Precioso.

Después de cenar, fuimos a acompañar a Umbe, que estaba sola en el hostel y le daba algo de apuro. Los cuatro valientes, comprobamos que no hubiera nadie indeseado, que las puertas cerraran bien y nos despedimos de ella hasta el día siguiente.

Salta

Aún en San Ignacio, nos despertamos y salimos de la habitación. Nos encontramos con Andrés y Josu en el pasillo y fuimos juntos a desayunar. Se nos unió luego el alemán.

Nos fuimos con Andrés a la terminal de buses para ir en el mismo bus a Posadas. Después llegó Josu, que iba a Puerto Iguazú, así que pudimos despedirnos con tranquilidad.

En Posadas nos despedimos de Andrés y cambiamos de bus hacia Resistencia. Allá, con el tiempo justo, tomamos otro bus a Salta. Como era nocturno y habíamos tenido un día maratoniano, nos dimos el lujo de comprar un par de asientos "cama"... nos tocaron los de la última fila, apenas se reclinan y tienes los asientos de los de delante taponando las piernas.

Cuando nos subimos al bus, vimos que había un cristal agrietado, así que nos subieron a todos al piso de arriba, por un par de horas. Luego nos enteramos que el bus había pasado por un lugar donde estaban en huelga y ese cristal había recibido un impacto de bala. Suerte que no había nadie dentro. Lo arreglaron y pudimos volver a nuestros caros asientos.

San Ignacio

El autobús en el que nos subimos estaba bastante destartalado, los conductos del aire estaban rotos, por lo que salía el aire acondicionado a presión, el asiento de Oscar estaba también roto e iba recibiendo golpecitos constantes con cada movimiento del bus.

Empezó a diluviar de repente, pero tuvimos suerte y menguó bastante para cuando llegamos a nuestra parada. Solo chispeaba. Pasamos por información turística que, aunque no fueron muy acertados en cuanto a precios ni otras informaciones, al menos nos dieron un mapa.

Cargados con las mochilas y esquivando como podíamos los charcos, llegamos al hostel que, según los de información turística, era el más barato y nos fuimos a cenar. En el restaurante conocimos a dos españoles, Andrés y Josu, con los que entablamos conversación y nos unimos a ellos para tomar unas cervezas en el hostel donde se alojaban. Nos encantó el suyo.

Volvimos a nuestro hostel sobre las 00h y ahí nos encontramos con la sorpresa de que estaba cerrado, nadie en recepción, la puerta de la cocina cerrada... estuvimos golpeando la puerta pero nadie salió a nuestro encuentro. Probamos suerte con una de las puertas que daban al jardín trasero y se abrió. Luego comprobamos que tuvimos mucha suerte porque era la puerta de una habitación privada... y no había nadie.

Puerto Iguazú

- Frontera Brasil y Argentina -

Aún en Foz, Brasil, debíamos despedirnos de este hermoso país y cruzar la frontera rumbo Argentina. Nos despertamos temprano, pero no por eso el viaje fue más fácil. Estuvimos un buen rato esperando el bus que necesitábamos, pero no llegaba, así que después de más de 30 minutos de espera, nos subimos a otro, que nos dejó en la terminal urbana. Decidimos que lo mejor era comer algo y después dirigirnos a la frontera.

Los buses a Puerto Iguazú pasan por una calle al lado de la terminal de buses urbana de Foz. Compramos el pasaje, como es habitual, y nos acomodamos en un lujoso y amplio bus con aire acondicionado. Ese bus paró en la frontera brasileña... y ahí nos dejó, con un mensaje de "esperanza": pasan buses cada 30 minutos, así que podríamos tomar el siguiente.

Foz do Iguaçu - Ciudad del Este

El mismo día que llegamos a Foz, después de instalarnos en casa de nuestra couchsurfer Elizabete, nos preparamos para ir a Ciudad del Este, en Paraguay.


- Ciudad del Este (Paraguay) -

Cogimos el bus en el centro y nos bajamos poco después de la frontera, en terreno paraguayo. Queríamos ir a comprar una cámara ya que nuestra cámara principal se rompió en Chapada Diamantina e íbamos con una que había dejado de funcionar y, unos meses después, milagrosamente volvió a la vida... pero la calidad deja mucho que desear (aunque tenemos que reconocer que le estamos muy agradecidos por esa resurreción, puesto que de lo contrario apenas habríamos tenido testimonio gráfico de nuestro paso por Brasil).

Todas las personas con las que hablamos, incluso en la Policía en Foz, nos dijeron que no debíamos pasar por inmigración ya que sólo íbamos por unas horas. Estábamos un poco nerviosos porque cuando entramos a Brasil nos pidieron un montón de documentación de la que, en ese momento, no disponíamos.

Brasil: información para tu viaje

Con este post damos por finalizadas las entradas sobre Brasil, un extenso país con algo más que playas bonitas... gente encantadora. Estos son algunos datos que creemos que pueden ser de utilidad si planeas viajar por tierras cariocas.

* Lo que no debes perderte de Brasil (por orden cronológico, no de importancia):

1- Amazonía: el viaje en barco por el Amazonas es una de las experiencias más increíbles que hemos tenido. A día de hoy, repetiríamos sin dudarlo. Quizás los dos tramos que hicimos en Brasil (Tabatinga a Manaos y Manaos a Belem) son demasiados. Si tuviéramos que elegir uno sería el último, pues aprovechamos para ver el "encontro das aguas", aparte de unos hermosos atardeceres, también porque no hay tantos controles policiales que, no porque tuviéramos nada que ocultar, pero se hicieron pesados (aunque por otro lado, le dieron un toque de emoción al viaje). Duración: 4 días / 3 noches.

2- Jericoacoara (Jerí): un diamante entre São Luis y Fortaleza. Dunas, playas, lagos, puestas de sol, cócteles al atardecer, capoeira en la playa... y mucho relax. Duración: la que quieras, pero aconsejamos pasar mínimo un par de días o tres.

São Paulo

A las 5h llegamos a São Paulo. Como era antes de lo previsto, quisimos adelantar trabajo y averiguar los horarios para nuestro siguiente destino... pero las oficinas estaban cerradas. Con nuestro gozo en un pozo, fuimos al metro para dirigirnos a casa de nuestros anfitriones Tereza e Igor, a quienes ya habíamos tenido el placer de conocer en Rio.

Fue fácil llegar, en el sentido de orientarnos, pero donde ellos viven todas las calles tienen un acentuada pendiente que hace el recorrerlas con las mochilas todo un reto. Igor nos estaba esperando, tenía que irse a trabajar pero nos dedicó un ratito antes. Entonces, apareció Tereza. Como los tres teníamos sueño y era muy temprano, decidimos ir a dormir un rato.


- Centro -

Ya descansados, nos fuimos con Tereza a pasear por el centro. Nos bajamos en la parada de metro Anhangabaú, donde está el Teatro Municipal y el Viaducto de Cha (encima está el viaducto, debajo de éste hay una carretera y debajo de ésta un río). Vimos desde arriba la praça Ramos de Azevedo y la Fonte dos desejos. De ahí nos dirigimos al Edificio da Prefeitura, Centro Cultural Banco do Brasil, Conjunto cultural da Caixa, Praça da Sé (donde está el marco zero, desde donde empiezan a contar los kilómetros del estado) y Catedral Metropolitana da Sé (de estilo neogótico).

Pateo do Colégio, aquí nació São Paulo

Paraty

Desde Rio, tras algo más de 4 horas en bus, llegamos a Paraty. Como siempre, con la mochila al hombro, nos fuimos a buscar alojamiento. Decidimos que Oscar se quedaría esperando con las mochilas y Javita iría a investigar (hay que comprobar la limpieza de los lugares antes de elegir uno y Javita es experta).

Cuando encontramos el adecuado, dejamos las cosas en el hostel y nos fuimos a pasear, para hacernos una idea de cómo era el pueblo y qué ofrecía.

Una de las calles de Paraty
Y Paraty tiene mucho que ofrecer. Recorrimos varias veces su centro historico, con edificios coloniales de color blanco, con calles y plazas empedradas, sin un solo coche, que invitan a ser recorridas tanto de dia como de noche


Rio de Janeiro

De Belo Horizonte nos fuimos a Rio de Janeiro, con muchas ganas de volver a la costa. Llegamos muy temprano, así que esperamos unas horas a que fuera una hora prudente para ir a casa de otro couchsurfer, Rafael, quien nos recibió con los brazos abiertos. Dejamos las cosas en su casa y nos ubicamos en la zona donde vive. Ese día lo dedicamos a ponernos al día, conocernos un poco más y escuchar todo lo que esta hermosa persona tenía por contar.

Nos contó, por ejemplo, que la remodelación del estadio de Maracaná y alrededores está valorada en unos 1.000 millones de reales. Además de la remodelación del estadio para el mundial, entre otras cosas quieren construir un aparcamiento de 2.000 plazas y, para ello, deben derribar instalaciones deportivas en uso y construidas para los juegos Panamericanos (en 2007). También hay piscinas donde la gente mayor hace ejercicio, pistas de atletismo y hasta un colegio (el mejor colegio púbico de Brasil, teniendo en cuenta que, según nos contaron, los colegios públicos no son nada buenos).

Respecto al tema del crack, comentaba que ahora se le da mucha publicidad pero que en realidad no se sabe con seguridad si hoy día es mucho peor que hace 5 o 10 años. Hay una gran polémica respecto a si es conveniente internar a los drogadictos o no, ya que sólo es posible por orden judicial o médica y sigue existiendo la duda de qué pasará con ellos después de la rehabilitación.


Belo Horizonte - Ouro Preto

Después de las 25 horas encerrados en un bus en el trayecto de Porto Seguro a Brasilia, las 11 horas que tardamos en llegar a Belo Horizonte se nos pasaron volando. Teníamos muchas expectativas en esa ciudad. Así que contactamos con un chico de couchsurfing, Nico,  que nos alojó en su casa unos días. Llegamos muy temprano a su casa, desayunamos algo y nos acostamos un rato. Dedicamos el día a buscar información, planificar y conocer un poco la ciudad.


-Centro de la ciudad-

Nuestro anfitrión nos llevó a un "Restaurante Popular", en el que por un módico precio puedes elegir entre un par de platos. Fue una experiencia interesante, pues no es para nada un lugar turístico, van los "sin techo" y personas con escasos recursos económicos. No es un restaurante agradable en el que apetezca sentarse un rato, si no más bien, comer rápido para irte lo antes posible de ahí. Tuvimos que hacer una larga cola, pagar una entrada y pedir lo que queríamos.

Brasilia

El viaje de Porto Seguro a Brasilia "solo" duró 25 horitas. Quizás estábamos tan mentalizados en lo mal que lo íbamos a pasar, lo aburrido que iba a resultar y lo incómodo que iba a ser, que se nos pasó mucho más rápido. Las primeras horas estuvimos completamente solos en el bus, después se subieron algunas personas, pero muy pocas, lo que nos permitió a cada uno ocupar dos asientos y así, cual contorsionistas, ir cambiando de postura.

En algún momento, de forma inesperada, el bus se llenó. No sabemos si lo hemos comentado con anterioridad, pero tenemos un cierto imán con los niños. Pero no con cualquier niño, atraemos en especial a esos niños cuyos padres han abandonado a su suerte y quienes pretenden que sea el resto de la humanidad quienes nos ocupemos de su educación. En fin, estábamos tan felices de haber dormido casi todas las horas que nos sentamos juntos y nos dispusimos a ver una película. No sabíamos muy bien cuál elegir, así que optamos por la más larga que teníamos: El Señor de los Anillos: Las Dos Torres.

Porto Seguro

Desde Salvador nos fuimos en bus hasta Porto Seguro, uno de los primeros asentamientos portugueses en Brasil. Llegamos, como casi siempre, sin tener alojamiento reservado ni buscado, así que con las mochilas a los hombros, nos fuimos a buscar un lugar donde descargar y poder descansar.

No fue fácil encontrar un sitio económico. Estábamos en pleno centro y los precios eran elevados. Después del correspondiente estudio de posibilidades, nos decantamos por uno que, aunque no era ninguna maravilla, era el mejor calidad-precio. Cuando llegamos a la habitación, vimos que la nevera no funcionaba, así que nos la cambiaron. Sí, tenía neverita en la habitación... ¿hemos dicho que no eran muy baratos?

Dejamos las cosas y nos pusimos a investigar un poco qué había para hacer por ahí. Además tuvimos que buscar otro lugar donde pasar un par de días porque estaba todo lleno para el fin de semana, así que nos pusimos a caminar hacia el puerto, desde donde salen los ferrys a Arraial. Entramos en un hostel del que salimos escopeteados, ¡que sitio más horroroso! Por suerte, a pocos metros encontramos otro algo mejor. Teníamos una habitación para nosotros solos, podíamos usar la cocina y no estaban completos. Reservamos para el día siguiente.

Salvador - Chapada Diamantina

Llegamos a Salvador, después de más de 10 horas de autobús, sobre las 5 de la mañana. Apenas había 3 o 4 locales abiertos en la "rodoviaria" (estación de buses), así que compramos un par de jugos y nos comimos unas galletas que habíamos comprado la tarde antes.

Esperamos que se hiciera una hora prudencial para acercarnos a la casa de Paulo, el chico de couchsurfing que nos ofreció alojamiento. Llegamos cerca su casa sobre las 7h y le mandamos un mensaje, para no despertarlo pero para que, apenas abriera un ojo, supiera que ya estábamos por ahí. Así que fuimos a una cafetería, un lugar cómodo donde esperar.

Maceió


"M" de mar,
"A" de amor,
"C" de carinho, sol e mar de Maceió,
"E" de eterno,
"I" do ilusão,
"O", Maceió, voçê robou meu coração...

Con este inicio de post, creemos que lo decimos todo. ¡Nos encantó! No hay otro lugar en todo Brasil donde nos hayan acribillado tanto los mosquitos y donde un guía haya sido tan antipático con nosotros... pero aún así el recuerdo que tenemos de esa ciudad y sobre todo de sus alrededores son de los mejores.

Recife

De Pipa tomamos un bus hasta Goianinha y de ahí uno que iba a Recife, ya que habíamos quedado con Eduardo, de couchsurfing, para alojarnos en su casa. Cogimos un bus y, como habíamos llegado antes de tiempo, nos fuimos a tomar algo. Eduardo nos recibió en su casa con los brazos abiertos... ¡fuimos sus primeros invitados!

Nos acomodamos y nos fuimos a dar un paseo para ubicarnos en la zona de Boa Viagem y para cenar algo.

Olinda -

Al día siguiente tomamos un bus para ir a esta hermosa ciudad colonial de calles empedradas. Nada más llegar, se nos fueron acercando algunas personas ofreciendo tours por la ciudad, a pie y dando explicaciones de todo lo interesante. No nos pareció mala idea... pero sólo era en portugués y nuestro nivel no era muy bueno. Además, teníamos hambre y queríamos almorzar. Como disponíamos de bastante tiempo, decidimos hacerlo por nuestra cuenta.

Pipa

Llegamos a Pipa después de haber tenido que tomar varios buses: de Pirangi do Norte a Natal, de ahí a Goianinha y, por fin, a Pipa. Cuando nos bajamos en nuestro destino final ya empezaba a atardecer y, obviamente, no teníamos alojamiento reservado. Oscar había visto un hostel no muy caro, pero como no encontramos mapa de Pipa en ninguna parte, no teníamos idea de donde bajarnos. Le preguntamos al cobrador de pasajes, pero no tenía idea de dónde estaba el hostel al que queríamos ir (ni nombre ni calle). Decidimos bajarnos en el centro y empezar a caminar, una vez más con las mochilas a cuestas, en busca de un lugar donde pasar la noche.

Después de preguntar en un par de lugares, nos decantamos por uno en el que por poca diferencia podíamos quedarnos en una habitación doble con baño privado (seguíamos sintiendo que era todo un lujo). Dejamos las mochilas y fuimos en busca de un supermercado para comprar cosas para la cena y para el desayuno.

Cenamos y decidimos ir a pasear un poco por el pueblo. Lo que más nos sorprendió fue la cantidad de argentinos que había. El pueblo, para ser tan turístico, es muy bonito. Tiene una calle principal, con iluminación tenue por la noche, llena de restaurantes, bares, etc. Pasado eso... no hay nada.

Fortaleza - Natal - Pirangi do Norte


Desde el idílico destino de Jericoacoara, nos fuimos hasta Fortaleza. Llegamos bien temprano en la mañana, después de viajar toda la noche, y nos fuimos directamente a casa de Iarly (nuestro host) que vive en Praia do Futuro. Estábamos tan cansados que nos metimos directamente en la cama que nos prestó. Al mediodía, nos fuimos con su novia y Spark (su perro) a tomar unas cervezas a la playa.

Por la noche, ya en la casa, se nos unieron unos amigos de nuestro host y estuvimos jugando "Risk" (o "War" en Brasil) hasta tarde. Nos dieron vino brasilero, extremadamente dulce... Fue muy entretenido, y lo pasamos muy bien con ellos.

São Luis - Jericoacoara


Viajamos toda la noche en bus (hay que reconocer que los buses son muy cómodos). Cuando llegamos a São Luis no teníamos idea de a dónde ir, así que decidimos tomar un bus hasta el centro y ahí buscar alojamiento. La terminal está bastante alejada, tanto que parecía que salíamos de la ciudad.

Llegamos al centro y buscamos una oficina de información turística. Nuestro mayor interés era ir a los Lençois Maranhenses, un parque nacional de dunas blancas y lagunas de aguas azules. Es un desierto que se "inunda" en época de lluvias, formando un precioso paisaje de dunas y lagunas... o eso es lo que nos pareció en las fotografías. En las agencias seguían vendiendo los tours aunque nos avisaron que no había tanta agua como en las fotografías. Los tours sobrepasan los 200R/persona, así que debíamos pensar bien si contratarlo o no, pagar tanto dinero para ver unas dunas... En fin, decidimos primero ir a buscar alojamiento para dejar las mochilas. Oscar había estado buscando y, aunque no había una gran variedad, algo encontró. Elegimos dónde pasar la noche, en esta ocasión en dormitorios compartidos con más personas y, lamentablemente, separados por sexo, así que nos tocó dormir por separado (pero fue el más barato que encontramos y cumplía con nuestras exigencias de impieza).

Travesía de Manaos a Belem... y Belem

Travesía en barco de Manaos a Belem

Desayunamos con Davide y su novia, quienes nos fueron a dejar al barco que nos acogería por 5 días y nos llevaría hasta Belem. En esta ocasión, seguiríamos durmiendo en hamacas pero además deberíamos prepararnos las comidas (para no gastar tanto dinero). Íbamos bien preparados: comida, hervidor de agua, bebidas,...

Cuando llegamos ya había muchas personas acomodadas. No sabíamos qué lugar elegir: ¿en un lateral o en el centro? ¿cerca de los baños o alejados? ¿pegados a una columna o separados? Muchas incógnitas y, al final, por muy bueno que parezca el sitio... siempre hay algo que lo estropea. En fin, nos pusimos hacia la parte delantera del barco, muy cerca de una pared. Pusimos las mochilas encima de unos palets que había al efecto, atamos las hamacas y... a esperar que partiera. Empezó a llegar más gente.

Manaos

Davide, nuestro couch, nos habia ido a recoger y nos había llevado a su casa la noche anterior, por lo que le estamos muy agradecidos. A la mañana siguiente nos pudimos quedar en la casa descansando. Salimos solo para ir al supermercado, fue la primera toma de contacto con el transporte terrestre brasilero.

Detalle del "Encontro das aguas"

Travesía por el Amazonas brasileño hasta Manaos

Tabatinga

Después de varios días en la triple frontera Perú-Colombia-Brasil, fuimos a comprar el pasaje para ir, en barco, a Manaos. No salían todos los días, así que nos tocó esperar algún día más.

Nosotros nos alojábamos en Leticia, ciudad colombiana fronteriza con Tabatinga, desde donde salía el barco, porque nos dijeron que era más económico que alojarse en su vecina ciudad brasileña. Así que el día de nuestra partida, solicitamos un moto-taxi para que nos llevara al embarcadero. Debéis aseguraros bien desde dónde sale el barco, porque nosotros le comentamos al taxista y nos llevó a otro lado, asegurando que estábamos equivocados... le tocó hacer más trayecto por no hacernos caso y el precio se mantuvo porque él se había equivocado.

Pescador en el Amazonas a bordo de su peque-peque

Iquitos - Triple frontera


Llegamos a Iquitos muy temprano por la mañana, recogimos nuestras cosas y nos bajamos del barco con Betty, Prokop y Elena, pues los cinco íbamos a la casa del mismo couchsurfer. Averiguamos qué autobús debíamos tomar y nos dirigimos para allá. Nos recibió con los brazos abiertos, Prokop y Betty montaron su carpa y nosotros tres dormiríamos en un espacio techado fuera de la casa, el clima caliente lo permitía. Después de hablar un rato con nuestro couchsurfer, fuimos a comprar el desayuno, estábamos muertos de hambre. Después nos indicó cómo llegar al centro, nos subimos en 2 mototaxis y nos fuimos a pasear por la ciudad.

Mercado

Pescado en el mercado. El hielo brilla por su ausencia.

Travesía por el Amazonas peruano

Yurimaguas

En Tarapoto tomamos un bus para ir a Yurimaguas. El día estaba medio nublado, había muchísima humedad en el ambiente y cuando faltaban pocos kilómetros para llegar, se puso a llover. La lluvia en un lugar cálido y húmedo a veces no es muy agradable y nosotros no usamos paraguas, solo chubasquero, es decir, nos abrigamos más aún.

Bajamos del bus en una pequeña terminal, donde varias personas se nos acercaron ofreciendo transporte. Negociamos con uno de ellos para que nos llevara al puerto desde donde salían los barcos a Iquitos. Nos subimos en su moto-taxi, los dos con todas las mochilas encima, delante iba el conductor. El vehículo solo contaba con un techito, así que toda el agua nos caía por los lados. Fue una experiencia... interesante.

Fuimos directos al puerto y nos informaron que el barco estaba ahí. Como no aceptaban el pago con tarjeta, le pedimos al conductor que nos llevara a un cajero y, de paso, a comprar una hamaca. Volvimos a negociar el precio.

Cuando regresamos, al cabo de menos de 30 minutos, el barco ya no estaba. No es que hubiera zarpado ya, es que se fue al otro muelle a cargar. Nos dijeron que volvería a las 18h, o a las 19h, aunque a veces regresaba sobre las 22h, o podía volver de madrugada... Por algún motivo, no sentimos mucha seguridad, así que decidimos ir al muelle donde se suponía que estaba el barco en ese momento y cruzar los dedos esperando que no regresara en ese preciso momento. Por suerte lo hicimos, porque el barco nunca regresó al primer puerto.

Tarapoto

De Chachapoyas queríamos ir a Tarapoto y el único medio de transporte era una combi que, según nos dijeron, tardaba 8 horas. No había reservas para el día que queríamos, así que podíamos elegir asiento. Nos costó mucho tomar la decisión y al final optamos por los de copiloto porque tenía reposacabezas. ¡Nunca los elijáis! El que va al medio tiene un espacio muy reducido para las piernas y el asiento es durísimo. Le tocó a Javita ir ahí... ¡fue horrible! Porque además se retrasó 2 horas más en llegar al destino.

En fin, llegamos a Tarapoto con los músculos entumecidos y qué mejor que recorrer la ciudad con las mochilas a cuestas... para buscar alojamiento. Nos parecía todo caro y no muy bueno, hasta que en la otra punta de la ciudad encontramos un hostal que dentro de lo malo no era lo peor. Dejamos las mochilas, nos dimos una reponedora ducha y nos fuimos a pasear.

Chachapoyas

Desde Trujillo, dirigimos nuestros pasos a la ciudad de Chachapoyas. Para ello nos dimos el lujo de viajar en bus cama nocturno, así que llegamos bien tempranito a este nuevo destino. Como de costumbre, no teníamos alojamiento, así que nos fuimos a la aventura. Nos costó mucho encontrar un alojamiento que nos gustara y que no fuera muy caro.

Seleccionado el hostal en la Plaza de Armas, dejamos las mochilas y nos dimos una merecida ducha, sin disfrutarla mucho ya que decidimos contratar una excursión a Kuélap que empezaba en pocos minutos y aún debíamos desayunar (una comida que nunca nos saltamos).

Trujillo

De Chiclayo decidimos seguir hacia el sur, a Trujillo. Como no habíamos planificado con mucha antelación, casi todos los buses que salían a Trujillo estaban completos. Dudamos bastante porque el primero que tenía un par de asientos llegaba ya al anochecer y eso de llegar a una ciudad desconocida, con las mochilas y sin tener alojamiento no nos gusta mucho. Pero decidimos continuar, pues no queríamos retrasarnos más, y ya habíamos hecho todo lo que queríamos hacer en Chiclayo.

Almorzamos en la terminal y esperamos el bus. Hay que reconocer que los buses de largo recorrido son una maravilla en Perú. Llegamos a la terminal de Trujillo y nos pusimos las mochilas a las espaldas, decididos a buscar alojamiento económico y con la esperanza de encontrarlo rapidito. No vimos muchos y algunos los descartamos por ser cuchitriles o, casi todos, por ser demasiado caros para nuestro presupuesto. Recorrimos desde la terminal a la que llegamos hasta el centro, que es bastante, pero encontramos uno que nos convenció. Estaba en una de las calles que rodean el centro. Dejamos las cosas y nos fuimos a comprar algo para cenar y pasear un poco por el centro de la ciudad.

Chiclayo

Después de cruzar la frontera con Ecuador en plena noche, llegamos de madrugada a Piura. Por suerte fuimos de los primeros en bajar del bus, pues sellamos nuestro pasaporte de salida y luego nos dirigimos a sellarlo en la entrada de Perú. Nadie nos comentó que debíamos pasar por Policía para rellenar otro papel, así que mientras disfrutábamos de ese momento en que dejamos atrás lo conocido para adentrarnos en lo desconocido...observamos que algunas personas entraban en otra casita que había cruzando la calle. Preguntamos y nos dijeron que debíamos pasar por allá también. Hay que estar atento a todo y aplicar el refrán "allá donde fueres, haz lo que vieres".

Pensábamos que, como siempre, llegaríamos a una terminal de autobuses donde sería recoger las mochilas de un bus para subirlas a otro. Error. En Perú, al menos en el norte, no hay terminales, pbiar de un bus a otro, tienes que cambiar de empresa, lo que significa, en muchos casos, tener que ir a otra dirección.

Ecuador: información para tu viaje

Con este post cerramos el capítulo dedicado a Ecuador. Estas son algunos datos que quizás te sean de utilidad si quieres viajar a este montañoso pais sudamericano.

* Lo que no debes perderte de Ecuador:

1- Otavalo: Mercado de Otavalo en sábado. Este mercado funciona cada día en la Plaza de los Ponchos, pero solo los sábados se expande por las calles circundantes. En el piso de arriba de un bar-restaurante situado al lateral de la plaza, claramente enfocado a turistas, se puede observar la plaza y el movimiento de las personas que lo visitan. Duración: Medio día.

2- Quito: centro. Si no quieres pagar por ver el interior de las iglesias, puedes verlas por fuera, que también son muy bonitas. Es igual de bonito por el día que por la noche, pues la iluminación de los edificios más importantes está muy lograda. Duración: pasar el día.

Cuenca - Loja - Vilcabamba

Llegamos a Cuenca (formalmente conocida como Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca) al mediodía, provenientes de Alausí, con el ánimo recuperado y abiertos a lo que esa hermosa ciudad nos deparara. Como es habitual, no teníamos reservado ningún alojamiento, pero esta vez sí teníamos anotados algunos. Con las mochilas a los hombros, nos dispusimos a buscar cerca de la terminal. Encontramos un par que no nos gustaron, así que seguimos caminando y caminando... hasta llegar al centro.

Decidido el alojamiento, dejamos las mochilas y fuimos a comer al bar que está justo al lado. El dueño era un ecuatoriano que había vivido en España unos años y que, como otros tantos, tuvo que regresar por la crisis económica que vive nuestro país. Después dimos un breve paseo, pues estábamos bastante cansados.

Riobamba-Alausí-La Nariz del Diablo

Este será un post más bien cortito, pues no hay mucho que explicar de esta zona.

Habíamos decidido hacer un recorrido en tren llamado "la Nariz del Diablo", del cual habíamos leído buenas opiniones.

Estábamos en Baños y, para llegar a Alausí debíamos ir primero a Riobamba y coger otro bus allá.

Habíamos leído que el recorrido desde Riobamba a Alausí era precioso así que pudimos disfrutar de un paisaje realmente bello.

Baños

Decidimos coger un bus nocturno para hacer uno de los recorridos más largos que haríamos en Ecuador y poder llegar de mañana prontito... y bien pronto que llegamos, que aún no había amanecido. Aún así nos pusimos de inmediato a buscar alojamiento. Y nuestra búsqueda dio fruto pues a las 6 ya habíamos hecho nuestra elección y en el hotel nos dejaron una habitación para descansar hasta la hora del check-in (las 12).

Baños es un pueblo bastante dedicado al turismo, ubicado en un valle totalmente rodeado de altas montañas y más cerca de la selva ecuatoriana de lo que aparenta por su clima.

Guayaquil

En Puerto López nos subimos a un bus con destino a Guayaquil, con mucho colorido y lleno de carteles aclaratorios como "todo niño mayor de 5 años paga pasaje" y, al lado, otro que decía "si el niño es hijo del conductor no paga pasaje". Importante que no haya confusiones después...

Llegamos a Guayaquil, con cierto retraso, y cogimos un taxi hasta casa de nuestro couch Rafa. Él nos había dicho cuánto nos costaría aproximadamente, así que en la terminal preguntamos precios a los taxistas y todos nos decían un 30% más de la referencia que teníamos. Como no nos gusta tener que pagar más solo por ser extranjeros, fuimos descartando hasta encontrar uno que nos dijo un precio aceptable. Lamentablemente no tenía mucha idea de dónde estaba la dirección exacta, así que dimos algunas vueltas de más, pero el precio se mantuvo.

Puerto López

Después de pasear por Latacunga, fuimos al hotel a recoger las mochilas y nos fuimos hacia la compañía que nos iba a llevar hasta Portoviejo, donde deberíamos tomar otro autobús para llegar a Puerto López. Era el camino más sencillo y más directo.

El autobús, como todos los que cogimos en Ecuador, era incómodo y no paraba de subir y bajar gente continuamente. Por fin llegamos a Portoviejo, un par de horas antes de lo que nos habían dicho. Nos bajamos, con prisas, en la terminal, llena de personas que nos miraban con desconfianza, como si hubieran visto un extraterrestre... o dos, en este caso. Uno de los buses que iban a Puerto López acababa de salir hacía pocos minutos, así que nos tocó esperar un buen rato, envueltos en un clima de gran humedad, calor e inseguridad.

Por fin apareció el bus que nos llevaría a nuestro destino, así que mientras uno fue a comprar los pasajes, la otra se quedó con las mochilas y controlando que no se fuera nuestro transporte sin nosotros. No queríamos pasar ni un minuto más en esa estación.

Latacunga

De Quito nos fuimos hacia Latacunga, a escasas 2 horas de distancia. Allá, como siempre, dedicamos un buen rato a investigar los hoteles/hostales más económicos. Después de un buen rato, dimos con uno que no estaba del todo mal; dejamos las mochilas y nos fuimos a dar un paseo en busca de un lugar para cenar. No nos acostamos muy tarde porque al día siguiente habíamos quedado con dos personas de couchsurfing para ir a la laguna Quilotoa.



Esta excursión se puede realizar de dos maneras: mediante agencia o por tu cuenta. Por supuesto, la primera opción es bastante más cara, aunque mucho más cómoda también. Nosotros nos decidimos por la segunda. Para llegar hasta allá, desde Latacunga, hay que tomar primero un bus a Zumbahua y, una vez allá, una camioneta para llegar a la laguna (no es factible hacer ese trayecto caminando).

Quito

Fuimos a la terminal de Otavalo a esperar el primer bus que saliera y, como de costumbre, tuvimos suerte y no tuvimos que esperar. Tampoco pudimos negociar el precio, pero la verdad es que el transporte es tan barato (casi tanto como incómodo que es) que resulta ridículo intentar una rebaja.

Al cabo de un par de horitas llegamos a la capital del país, Quito. Nuestro couchsurfer allí nos recomendó coger uno de los buses que pasan cerca de la terminal, así que preguntamos si pasaban por la dirección que teníamos y, como nos dijeron que sí, nos subimos. Esto os puede dar una ligera pista de lo que sucedió después. Íbamos mirando el mapa y veíamos que nos acercábamos a nuestro destino. Como le recordamos un par de veces que nos tenía que avisar y el cobrador asintió, como si nos hubiera entendido, estábamos bastante tranquilos y esperando que, en cualquier momento, nos diera la señal. Estábamos muy cerca de nuestro destino cuando el bus giró por una calle. Pensamos que sería para rodear una calle, pero oh! sorpresa! Nos dejó en el centro de la ciudad!! Lejos, bastante lejos de donde íbamos. Le preguntamos porqué no nos avisó antes y nos confesó que, en realidad, no sabía muy bien dónde estaba la calle que buscábamos.

Otavalo

Desde la frontera con Colombia cogimos una van (furgoneta) colectiva hasta Tulcán. En la terminal, en cuanto nos bajamos, empezaron a acosarnos con buses que iban a Quito, Otavalo, etc. Nuestra idea era ir a Otavalo directamente y, como aún quedaban plazas libres, nos hicieron un pequeño descuento. Éramos tres, pues conocimos a un austríaco en el colectivo de Ipiales a la frontera y decidimos seguir juntos, ya que suele resultar más económico.

El bus que tomamos no nos dejó en la terminal de Otavalo, no entraba a la ciudad, sino que nos dejó a un par de kilómetros. Esto no sería ningún problema si no fuera porque íbamos con las mochilas y nuestro recién incorporado compañero llevaba también material de escalada, así que su mochila pesaba unos 30 kilos. Decidimos coger un taxi, que nos salió bastante económico, hasta la plaza de la catedral.

Colombia: información para tu viaje.

Éste es el último post que tenemos pensado escribir sobre Colombia, un maravilloso país que nos enamoró por sus encantos. Estamos satisfechos de haber empezado nuestra aventura en este país. Nos hemos sentido como en casa la mayor parte del tiempo.

Con este post queremos cerrar un capítulo y hacer un breve resumen de nuestras impresiones.


Lo que no debes perderte de Colombia:

1. Museo del Oro, Bogotá. Ve con tiempo y apúntate a una visita guiada (son gratuitas; hay en castellano y en inglés). Duración: 2 horas (aprox.).

2. Subir al Cerro Monserrate, Bogotá. Se puede hacer en teleférico o a pie (para ello, es necesario estar unos días en la ciudad para que el cuerpo se aclimate a la altura). Nosotros subimos a pie y bajamos en teleférico, llegamos con la lengua fuera y la satisfacción de haberlo conseguido. Duración: medio día.

3. Visitar el pequeño pueblo de Villa de Leyva. Puedes ir desde Bogotá a pasar el día o bien dormir ahí (nosotros nos quedamos 2 noches). Duración: medio día.

4. Trekking a Ciudad Perdida, Sierra Nevada, Santa Marta. Es duro físicamente, pero el pleno contacto con la naturaleza y conocer la historia de esta cultura hacen que el esfuerzo valga la pena. Duración: 5 días.

5. Centro histórico de Cartagena de Indias. Una preciosa ciudad colonial tanto de día como de noche. Duración: un día.

6. Valle del Cocora, Salento. Recomendamos hacer el recorrido completo, empezando por el bosque de niebla, pasando por la finca La Montaña y terminando por el valle cubierto de esas gigantescas palmas de cera. Duración: una mañana.

Pasto - Ipiales

Esa mañana decidimos no madrugar mucho. Estábamos en Popayán y queríamos ir a Pasto. Otra carretera sin terminar y bastante incómoda nos esperaba. Nunca hemos visto un paisaje tan impresionante como éste. Sobre todo el último trecho, donde hay una quebrada, la unión de dos montañas, el atardecer,... Sin palabras.


Dejamos las cosas en el hostel y nos fuimos a pasear un poco, para situarnos en la nueva ciudad.

Dormimos muy bien y nos levantamos con gran apetito. Quedamos con César, un amigo de mi padre (de Javita), quien nos invitó a comer cuy "galleta", es decir, crujiente. El cuy es conocido también como conejillo de indias, guinea pig o cobaya (demasiados nombres para un animal tan pequeño). Por suerte lo trajeron ya cortado, pues nunca lo habíamos visto entero (y como sabemos cómo es, nos hubiera dado mucha pena). Dejamos de lado la autocensura y disfrutamos del rico manjar. Estamos de viaje y debemos probar los platos típicos de cada zona.

Popayán - Piendamó - Silvia

Esa mañana nos despertamos en San Agustín, madrugamos para coger un bus que nos llevara hasta un cruce donde tomaríamos otro autobús que nos dejaría en Popayán. Parece que la persona encargada de abrir la agencia se durmió. Eran las fiestas de San Pedro y San Pablo, así que seguramente la noche anterior estuvo de fiesta... como nosotros.

Después de esperar un rato, decidimos ir a preguntar a un taxista cuánto nos costaría que nos llevara al cruce donde pasaban los autobuses que iban a Popayán. No conseguimos negociar, pero tampoco teníamos más alternativa, pues caminar 5 km con las mochilas a cuestas no era una opción. Subimos en su camioneta, junto con 3 hombres más.

Nos bajamos en el cruce y decidimos intentar hacer autostop. Todos los camiones y coches que pasaban iban llenos hasta arriba. Por suerte, después de no mucha espera llegó nuestro autobús. Varios hombres que había allí nos recomendaron negociar el precio y, como no teníamos prisa, eso jugaba a nuestro favor. Conseguimos una buena rebaja y nos subimos al autobús.

San Agustín

Después de unos días en Bogotá, recuperándonos de nuestro improvisado viaje a Cuba,del cual hablaremos más adelante, continuamos nuestro viaje por Colombia.

Llegamos a San Agustín después de viajar toda la noche en un autobús que parecía un iglú. Fue el primero (y, de momento, único) en el que nos prestaron una manta y nos dieron algo de beber y comer. Tardamos una hora y media más de lo previsto, lo que nos supo fatal porque nuestro couchsurfer tuvo que madrugar en balde.


El Tablón - La Chaquira

El mismo día de nuestra llegada, decidimos ir a La Chaquira, donde hay unas rocas talladas pre-colombinas y un mirador, una excursión de 3 km.

Cuba: información para tu viaje

Este post cierra nuestras publicaciones cubanas por el momento. Nuestros días en ese increíble país dan para un libro entero dedicado, exclusivamente, a su gente, su vida, su alma. Por cuestiones de tiempo, no podemos dedicarnos a ello en este momento, pero no descartamos hacerlo en un futuro... quizá cuando nos jubilemos.

Lo que no debes perderte de Cuba:

1. Su gente. Es lo más maravilloso del mundo. Gente interesante, comunicativa, agradable... un sinfín de adjetivos positivos. Pero no las personas del hotel o que organizan tours que llevan incorporada la amabilidad en su salario, nos referimos a la gente de la calle, la auténtica.

2. Atardecer en La Habana. Nos colamos en el Hotel Parque Central, cerca del Capitolio, y fuimos a la terraza del último piso. Hay unas preciosas vistas del centro de la ciudad y del mar, mejorables sólo con la puesta de sol. Duración: mínimo 30 minutos - 1 hora.

Trinidad - Santa Clara - La Habana

Baracoa - Moa - Holguín

Decidimos despedirnos de Baracoa, un pueblito con mucho encanto, para continuar nuestro viaje hacia el centro de Cuba. Podíamos elegir entre ir en autobús, pero regresando a Santiago y de ahí otro para nuestro destino: Trinidad. O, como éramos cinco personas con la misma ruta, decidimos coger un taxi de Baracoa a Moa, donde cogeríamos otro hasta Holguín, y de ahí un bus a Trinidad. Quizá es un poco más largo, pero también más bonito el paisaje, y evitábamos tener que pasar por Santiago, ciudad de la que nos quedó un mal recuerdo.

Nos despertamos pronto, pero sin pegarnos tampoco el gran madrugón. Nos fueron a buscar a la casa donde nos alojábamos, en un coche del año 52 bastante destartalado. Fueron dos horas y media de suplicio, los de atrás o no tenían espacio suficiente para las piernas o el asiento era una tabla. Pero el paisaje era muy bonito, a través del Parque Humbolt. Habíamos acordado con el conductor que le pagaríamos cuando él hubiera negociado con el siguiente conductor el precio del segundo trayecto (Moa-Holguín), ya que habíamos fijado un máximo que íbamos a pagar y nos aseguraron que sería por ese precio. Como siendo extranjeros todos piensan que tenemos dinero, queríamos asegurarnos que no se nos dispararía el precio. ¿Qué mejor que acordar que no le pagarás hasta que lo negocie? Surtió efecto! Cuando llegamos, el conductor nos dijo que el precio del siguiente coche sería más caro, pero poco más... Como no era lo acordado, le dijimos que no le pagaríamos. Nos pusimos firmes y, al final, el segundo conductor cedió.

Esta vez, el coche el coche era algo más nuevo (del 55) y en mucho mejor estado, y el conductor resultó ser una persona muy agradable. Estuvimos hablando bastante rato con él, haciéndole preguntas de todo tipo, a las que respondió de buen grado.

Llegamos a Holguín y, para nuestra sorpresa, nos dejó en la terminal que no era. Bueno, se vengó por la bajada de precio. Él sabía que ésa no era la terminal que nos correspondía porque era exclusivamente para nacionales. Averiguamos cómo llegar a la terminal correcta y cogimos un bus (que pagamos con moneda nacional) que nos llevaría allá. Fue una experiencia interesante entrar en esos buses. Son como camiones de carga de ganado con una pequeña ranura horizontal en la parte superior y, en el interior, con bancos de madera en los laterales de la camioneta. La gente entraba a presión y hacía un calor asfixiante. La persona que cobra y controla el ingreso va en la parte delantera, con el conductor, y abre y cierra la puerta desde fuera. Desde dentro es imposible salir por tu cuenta o comunicarte con el conductor o el revisor. Es como el típico camión que hemos visto cientos de veces en las carreteras transportando animales.

Llegamos a la terminal y nos tocó esperar toda la tarde, pues el autobús de Holguín a Trinidad salía a las 22h. Dejamos las mochilas grandes en consigna y fuimos a comer cerca de la estación, en un restaurante donde podíamos pagar con moneda nacional. Para no quedarnos en la terminal el resto del día, decidimos ir a dar un paseo, para que uno de nuestros amigos pudiera cambiar dinero y para buscar alguna heladería.

En un momento pasó de una suave llovizna a una tormenta impresionante. Cuando paró un poco, fuimos en busca de unos ricos helados.

Encontramos una heladería que tenía muy buena pinta, así que entramos y nos sentamos. Con gran asombro escuchamos que no servían porque el suelo estaba mojado. Tenían un toldo que impedía que nos mojáramos si volvía a llover, pero como cayó tanta agua, el suelo estaba empapado. Nos dijeron que no servían porque podían caerse y, entonces, les descontarían del sueldo lo que se rompiera o el precio de lo que hayamos pedido... y, claro, ellas tenían hijos que alimentar. Nos lo dijeron con naturalidad, sin intención de darnos pena (y eso fue lo más duro, porque sabíamos que era cierto). Les ofrecimos ir a buscarlo nosotros y que lo pagaríamos aunque nos cayéramos y no nos lo comiéramos... pero no las convencimos. Terminamos hablando con el encargado y nos salimos con la nuestra.

Santiago de Cuba - Baracoa

Desde Pinar del Río, en la parte occidental de Cuba, cogimos un taxi hasta la terminal de la Habana. Una vez allá, nos pasamos toda la tarde esperando para comprar el pasaje para ir a Santiago, en el extremo oriente de la isla. El bus que queríamos coger era el de las 18h ya que el trayecto eran 12 horas, así nos ahorraríamos alojamiento y aprovecharíamos la noche para viajar.

En la terminal conocimos a un chico turco y una chica australiana que viajaban juntos a nuestro mismo destino. Como su español era escaso y nosotros somos buena gente, decidimos echarles una mano. Se empezaban a impacientar porque el tiempo pasaba y no les vendían los pasajes, les dijimos que era lo habitual en esa oficina pero que no se preocuparan porque los tenían (aparentemente) en cuenta. Ellos iban a Santiago a reunirse con un amigo alemán que estaba ahí desde hacía un par de días. Por suerte, el bus iba medio vacío y los cuatro nos distribuimos ocupando 2 asientos cada uno.



La dueña de la casa de Pinar del Río se puso en contacto con una persona en Santiago para que fuéramos a ver su casa y decidir si nos queríamos quedar ahí (en principio, sin compromiso y con las mismas condiciones que en Pinar). Nuestra sorpresa fue grande al comprobar, cuando llegamos a la terminal de Santiago, que había dos personas esperándonos. Desde Pinar nos habían repetido una y otra vez que, para que mantuvieran el precio, debíamos llegar por nuestra cuenta a su casa, pero ello se adelantaron mandando un taxi... que debimos pagar nosotros, claro.

En fin, llegamos y nos dieron desayuno (el dueño nos lo ofreció como si fuera detalle de la casa, pero obviamente lo cobraron después). Por suerte confirmamos el precio, pues según él no le habían informado de nada. No nos gustó nada su reacción. Dejamos las cosas, descansamos un rato, nos dimos una ducha y nos fuimos al Parque Céspedes (la plaza de la Catedral) a reunirnos con nuestros nuevos amigos.

Por el camino nos encontramos con el supuesto cuñado del dueño, que dijo que estaba en la casa cuando nosotros llegamos (la verdad es que ninguno de los dos recordábamos a nadie más en la casa) y que causalmente iba hacia el mismo sitio que nosotros (aunque os lo encontramos de frente). Por el camino nos dijo que trabajaba en un hotel y que si queríamos ir a la piscina estábamos invitados, que no tendríamos que pagar nada, y nos regaló (contra nuestra voluntad) dos paquetitos de puros. Cuando faltaba poco para el Parque, nos pidió dinero. Le dijimos que habíamos decidido no dar dinero y gastar lo imprescindible, a lo que respondió que él nos había regalado los puros. No nos permitió devolvérselos porque era un regalo, pero insistía en que le diéramos dinero. Decidimos darle algo de moneda nacional, que despreció al acto, pues quería CUC para comprar una botella de alcohol... Como si eso nos fuera a convencer más!

Conseguimos despedirnos de él, sintiendo por la espalda cómo nos maldecía, y llegamos al Parque. Con el poco rato que llevábamos ahí, nos hicimos una idea general de lo que confirmaríamos después: no nos gustó la ciudad ni la gente. Cada dos por tres venían a pedirnos dinero, insistentemente, como si fuéramos cajeros automáticos con piernas.

Fuimos los cinco a tomar algo a una cafetería de moneda nacional, donde había un niñito jugando solo. Nos acercamos y le dimos un caramelo, con su carita de felicidad pagó el precio. Por la tarde volvimos al mismo sitio y la madre, que trabajaba ahí como camarera, nos pidió que le compráramos un refresco "porque ella no tenía para eso". Le recordamos que le habíamos dado un caramelo por la mañana, pero pareció no importarle e insistió maleducadamente en que lo compráramos.

La Habana, Pinar del Río, Viñales y María la Gorda

La noche anterior, en Bogotá, nos fuimos a tomar unas cervezas con nuestros amigos Isma y Diana y regresamos algo tarde a su piso. Muertos de sueño, nos pusimos a hacer las mochilas. Habíamos decidido dejar la mochila grande de Oscar en Bogotá y viajar esos 18 días con las mochilas pequeñas. Nos llevamos mi mochila (de 45L) para la ropa de los dos y metimos los aparatos electrónicos (tablet, kindle y cámara) en la mochila pequeña. ¡Lo conseguimos! (ejemplo claro de lo que aprendimos jugando al tetris de pequeños).

Emocionados y nerviosos, nos levantamos. ¡Qué madrugón más bonito! Nos despertamos con la canción de Tontxu en la cabeza: "íbamos a Cuba, íbamos contentos, íbamos saltando por el aeropuerto...". Ya nos conocíamos el aeropuerto y sabíamos adónde debíamos ir, pues la tarde anterior (sábado) nos entraron las dudas sobre cómo gestionar el visado de turista y después de recorrer varias agencias de viaje, terminamos yendo al aeropuerto para confirmar si nos podríamos ir o no al día siguiente.


La Habana (parte I)

Llegamos al aeropuerto de la Habana. Calor, humedad, bochorno... Qué gran contraste con la fría Bogotá (conocida en el resto de Colombia, y con gran acierto, como "la nevera"). Solo pudimos cambiar 20 euros aunque, por suerte, había un cajero en el que obtener efectivo (¡ojo! cobra comisión, aparte de la que te cobra tu propio banco).

Nos subimos a un taxi y pedimos que nos llevaran al hostel. Estábamos muy emocionados mirando el paisaje, las casas y la gente y maravillados por los coches que pasaban. Nos sentíamos en un desfile de coches antiguos.

Por primera vez en lo poco que llevábamos de viaje (justo un mes), nos sentíamos extranjeros. Sentíamos que, de verdad, estábamos de viaje. Hasta entonces, Colombia nos había resultado muy familiar. Aquí, en Cuba, todo es distinto. Seguramente influyó que tuviéramos la sensación de haber retrocedido en el tiempo: España de los cincuenta con gente caribeña. Una mezcla curiosa.

Coche, uno de tantos
Dimos un paseo, desde el estadio Latinoamericana hasta el Malecón, pasando por calles poco transitadas que demuestran la trascendencia del descanso dominical. Todo nos llamaba la atención: la ropa tendida en las casas, unos niños jugando a baseball en un patio interior, un grupo de hombres discutiendo apasionadamente sobre algún tema candente e imposible de entender, un Lada de los años 70, otro carro de los 50,... Un sinfín de estímulos.

Pescando en el Malecon

Circasia - Salento - Valle del Cocora

Al llegar a la terminal de Manizales, preguntamos precios para ir a Pereira y, entonces, empezaron a llover los descuentos. Nos subimos en una buseta, la más barata. Fuimos recogiendo a gente por el camino, uno de ellos había acordado un precio más bajo con el conductor pero nadie se lo había dicho al chico que cobraba y que estaba dentro de la buseta, éste le quiso cobrar el precio normal, lo que generó las protestas de nuestro nuevo compañero... y, a su vez, la protesta de otra mujer que se quejaba de la diferencia de precios. Nosotros, calladitos, por supuesto.


Circasia - Salento

Al llegar a Pereira, cogimos otro bus a Circasia, donde nos íbamos a alojar en casa de un couchsurfer que vive, con su familia, a las afueras. No vimos mucho de Circasia, básicamente el centro.

Finca cafetera "Hacienda Venecia" (Manizales)

Nos despedimos de Medellín y, desde la terminal del sur, cogimos un bus hacia Manizales. Nos bajamos en San Peregrino, donde comimos una abundante bandeja paisa mientras esperábamos que nos vinieran a buscar para llevarnos a la Hacienda Venecia, una finca cafetera donde pasaríamos la noche y, al día siguiente, haríamos un tour cafetero. Nada más llegar a la Hacienda, dejamos las mochilas, nos pusimos el bañador y nos metimos en la piscina. ¡Qué fría estaba el agua! Ya estaba empezando a atardecer y, por lo tanto, el sol ya no calentaba. Cuando estábamos empezando a ponernos morados del frío, decidimos salir y darnos una larga ducha caliente. Nos abrigamos bien y salimos de la casa, nos tumbamos en las hamacas que rodean la casa para leer un rato, rodeados de una hermosa belleza. No recordábamos cuándo habíamos estado tan relajados, sientiéndonos en paz y con tal absoluta tranquilidad.

Cenamos unos bocadillos que llevábamos, pues ir a la Hacienda fue un lujo para nosotros (también a nivel económico) y nos fuimos a dormir.

Dormimos como bebés. Con un hambre feroz, nos levantamos para esperar el desayuno. Desayunamos con una mujer francesa que llevaba unos 6 meses viajando y una pareja formada por un inglés y una alemana que se conocieron en Australia. Después de compartir fragmentos de nuestras vidas, fuimos a preparar las mochilas para seguir nuestro camino después del tour cafetero.

Medellín

Nuestra llegada

Después de 13 horas en un autobús con gente roncando, vomitando... por fin llegamos a Medellín desde Cartagena de Indias. Fue largo, pero mucho mejor que el anterior de largo recorrido (de Tunja a Santa Marta). En estos viajes largos hay que aprovechar el tiempo, por ejemplo, escribiendo un post.

Llegamos muy temprano a Medellín, a la terminal norte (esta ciudad es tan grande que tiene dos terminales que no están nada cerca). Nos subimos al metro como sardinas en lata y luego cogimos un bus que nos dejó cerca de donde nos alojaríamos. Nos sorprendió la amabilidad de la gente en el metro: nadie habla a gritos (ni entre ellos ni por el móvil), los que entran ceden el paso a los que salen, piden permiso para pasar, ceden el asiento a la gente mayor,... En fin, todo un contraste con la gente que dejábamos atrás. Más tarde nos explicaron que es un fenómeno que sólo se da en ese medio de transporte, la llamada "cultura metro". Nos parece que de todos modos son más educados, por lo general, pues incluso cuando bajamos del bus, preguntamos a un par de personas cómo llegar a la dirección exacta y hasta se ofrecieron a llamar a nuestro contacto. Todo un detalle que nos emocionó enormemente.

Cartagena de Indias

Esa mañana nos despertamos muy temprano, a pesar de haber mal dormido escasas horas, pues habíamos vuelto exhaustos de la "Party Chiva" sobre las 2.30h de la madrugada y un par de horas después nos despertó el escándalo montado por los típicos niñatos extranjeros de esos que no saben beber y que dan vergüenza ajena. Pasado ese "incidente", conciliamos el sueño hasta que el calor nos despertó y nos obligó a levantarnos. Desayunamos y preparamos las mochilas, pues nuestra estancia en The Dreamer Hostel, llegaba a su fin. Puntualmente, llegó el transporte que nos llevaría al hostel contratado en Cartagena de Indias (un servicio que se llama "hostel to hostel", que no es mucho más caro que ir en bus y luego tomar taxi pero sí mucho más cómodo, pues evitamos el andar cargando las mochilas innecesariamente).

Algo que siempre hay que tener en cuenta son los omnipresentes atascos. Llegamos pasada la hora de comer, sin haber comido y sin haber podido comer en la buseta, pues parecía más una atracción que un carro: constantes frenazos, acelerones, curvas a toda velocidad,... Íbamos un poco mareados.

Santa Marta y Ciudad Perdida

DÍA 1. Llegada a Santa Marta

Después de un viaje de 14 horas (que se convirtieron en uno agotador de 18 horas), por fin llegamos a Ciénagas. Nada más bajar del bus, recibimos una bofetada de calor y humedad. Pero... ¡eh, habíamos llegado al Caribe! Luego nos subimos a una buseta destartalada que nos llevaría a la terminal de Santa Marta y, en ese preciso instante, nos empezamos a dar cuenta de dónde estábamos, una emoción mezcla de euforia y nerviosismo se apoderó de nosotros. Con nuestras mochilas y rodeados de gente del lugar. Eso es lo que estábamos buscando: integrarnos en la realidad. Luego tomamos un taxi (nuestro primer "regateo", pues la persona que repartía a la gente entre los taxis nos dijo que costaba 6.000COP, Javita entendió 3.000COP, así que antes de subirnos le confirmamos al taxista directamente que eran 3.000COP, a lo que él respondió que no, que eran 5.000COP) y llegamos, por fin, al hostel donde teníamos reserva (The Dreamer hostel).

Nada más llegar al hostel y dejar las mochilas en la habitación, decidimos ir a comprar la cena y el desayuno al supermercado más próximo, el famoso "Éxito", situado en el centro comercial Buena Vista. Cuando entramos en el supermercado, en la calle hacía un calor sofocante y, cuando salimos, empezaron a caer unas gotas, que se convirtieron súbitamente en una intensa tormenta tropical.

Tunja y Villa de Leyva

Y llegó el día de la despedida, el día que marcaba el inicio real de nuestra aventura.

Llegar a Bogotá fue, en verdad, el pistoletazo de salida de nuestro viaje, pero no de la aventura, pues llegamos a casa amiga. Gracias a Isma y a Diana nos sentimos como en casa esos cinco primeros días. Compartimos muy buenos momentos y nos empezamos a hacer a la idea de que ya estábamos fuera de nuestro hogar. Pero nuestro viaje a Colombia no podía detenerse ahí por muy bien que nos sintiéramos.

Tunja

Plaza de Bolivar en Tunja

Bogotá

Día 1. Llegada a Bogotá

Llegamos a Bogotá con media hora de retraso porque el avión tuvo que esperar que le tocara turno para aterrizar. A pesar de ser un aeropuerto internacional, sólo tiene 2 pistas, así que parece que esto es bastante habitual.

Cuando llegamos ya era de noche, pero tuvimos la suerte de que nos fuera a recoger nuestro amigo Isma, así que fuimos directo a su casa, cenamos y nos fuimos a dormir.

Día 2. Relax

Lo tomamos en plan relax ya que a la diferencia horaria y al cansancio por no haber podido descansar en todo el vuelo (cortesía de un par de niños extremadamente maleducados que nos dieron la vara toooodo el camino), teníamos que sumarle la altura (Bogotá se encuentra a 2.600 m.s.n.m., aprox.) que nos tenía agotados.

El Plan

Para un viaje de estas características, la opción de planear todo paso por paso es poco menos que imposible.

En nuestro caso tenemos una idea de los sitios a los que nos apetece ir y los hemos enlazado de la manera que nos parece más lógica.

Nuestro plan por lo tanto no es nada fijo ni inamovible, simplemente nos dejaremos llevar, aunque eso sí, procurando visitar los sitios o zonas que nos llaman especialmente.





Comenzaremos por Colombia, ya que nuestro primer vuelo nos depositará en Bogotá. Después de unos días por allí nos desplazaremos al norte, al Caribe, para visitar Santa Marta, Parque Tayrona, Cartagena, ... Seguiremos hacia el centro del país para visitar el Eje Cafetero y continuaremos hacia el sur hasta llegar a la frontera con Ecuador. Viajaremos por Ecuador de norte a Sur visitando Quito y las zonas que nos resulten más interesantes.

Al cabo de unas semanas entraremos a Perú y visitaremos la zona norte, introduciéndonos en el Amazonas y desde Iquitos nos meteremos en Brasil.

Casi 2 semanas de viaje descendiendo el Amazonas en barco y visitando algunas de las ciudades de la selva como Manaos, nos llevará a la costa atlántica, a la ciudad de Belem. Posteriormente seguiremos la costa hacia el sur visitando Fortaleza, Salvador y Rio de Janeiro entre otros lugares. Finalmente nos dirigiremos a las cataratas de Iguazú para poner los pies en Argentina.

Seguiremos con dirección a Buenos Aires, probablemente pasando a visitar Uruguay. Tras unas semanas de viaje por Argentina llegaremos a Ushuaia y continuaremos en dirección a Chile, país que recorreremos de sur a norte, visitando a la familia, aunque entrando en varias ocasiones a Argentina para visitar algunos lugares de interés.

En el norte de Chile visitaremos el desierto de Atacama y desde allí cruzaremos la frontera con Bolivia, para visitar el salar de Uyuni y el lago Titicaca entre otros puntos interesantes.

Después pasaremos nuevamente a Perú para visitar la parte sur y centro (Machu Pichu, Cuzco, Lima) para, desde la capital, coger un avión con dirección a Los Ángeles, en EEUU, donde pasaremos algunos días.

El siguiente vuelo nos llevará a las islas Fiji, quizás para pasar el fin de año buceando, que es algo que a los dos nos encanta, y que será el paso intermedio en nuestro paso a Oceanía.

Llegaremos a Nueva Zelanda, con la intención de recorrer tanto la isla norte como la sur y disfrutar de sus espectaculares paisajes y posteriormente pasar a Australia, donde intentaremos recorrer todo lo posible durante 3 o 4 semanas.

La siguiente etapa del viaje será el sudeste asiático. Comenzaremos por Indonesia, y continuaremos hacia el continente visitando Malasia, Singapur y Tailandia. Desde aquí haremos un recorrido por varios países (Laos, Birmania, Camboya, Vietnam) y volveremos a Bangkok para coger un avión que nos llevará a Katmandú, capital de Nepal. Por Nepal tenemos la intención de hacer un trekking por el Himalaya y al cabo de 2 o 3 semanas pondremos rumbo a la India, que es donde, en teoría, finaliza nuestra vuelta al mundo.

Como dijimos en un principio, el viaje puede ser de la manera que hemos descrito o completamente diferente. Lo que sí es seguro, es que para nosotros será una experiencia increíble y que aprenderemos muchísimo, de nosotros mismos y del resto de la gente con la que nos crucemos.

Y en un par de semanas.... ¡¡¡¡¡salimos!!!!!!

Buenas, nos presentamos...

Nos parece interesante conocer el origen de una historia para comprender su significado al completo.

Hola, nos llamamos Oscar y Javita y hemos decidido dejarlo todo para hacer realidad nuestro sueño: dar la vuelta al mundo.
Creemos que la sociedad en la que nos encontramos va a un ritmo descontrolado, como una locomotora sin conductor, y nos sentimos incómodos formando parte de ella. Hemos decidido salir de este caos y buscar nuestro lugar en el mundo.
Queremos conocer otros lugares de este mundo, tan grande como desconocido, y reconciliarnos con el género humano. No queremos formar parte de la masa y hacer lo que se supone que, por edad, “tenemos” que hacer. Sentimos que este es el momento idóneo para emprender esta aventura y esperamos estar preparados para asimilar todo lo que vamos a vivir.
Nos motiva y mueve el amor que nos tenemos y que le tenemos al ser humano, confiamos en la bondad de las personas y estamos seguros que nadie nos ata y ahoga más que nosotros mismos. A medida que nos íbamos deshaciendo de cosas, nos hemos dado cuenta de lo poco que necesitamos para vivir.
Es increíble y asombroso que cuando uno toma la decisión correcta, todo fluye fácil en esa dirección. Desde que nuestra decisión fue firme e inamovible, todo nos ha ido rodado. Eso sí, para que los preparativos no se conviertan en una montaña insalvable, hay que ir paso a paso. Nos hicimos un calendario con lo que hacer en cada momento; no lo cumplimos pero nos sirvió para tener claro cuál sería el siguiente paso.
Dentro de un mes empezaremos a escribir y dibujar nuestra propia historia.