¿Te atreves a sonreír?

Uno de los cambios más importantes que notamos al empezar a viajar es que dejamos de caminar aislados y alejados del presente, del aquí y del ahora. Nos dimos cuenta que la gente, cada vez más, va con la mirada baja, pendiente de una cosa rectangular que suele caber en la palma de la mano y que se supone debería acercarte a la gente. Como zombies, sin mirar por dónde van, como tanques sin importar con quien arrasan.

Al estar en un país distinto del nuestro, sin amigos ni familia con quien hablar o chatear, tuvimos la magnífica oportunidad de prestar atención a lo que nos rodeaba. No solo mirábamos con atención edificios, monumentos, calles y plazas, elevando la mirada hasta el cielo. Descubrimos algo mucho más interesante: la gente.



Se aprende mucho de la gente que te rodea viendo cómo caminan, de qué hablan, con qué ánimo van, qué ritmo llevan... A veces, nos sentábamos a descansar en cualquier plaza de una ciudad cualquiera y observábamos. Nos quedábamos en silencio contemplando durante unos minutos la vida de algunas personas que, por casualidad (o no), se encontraban en ese mismo lugar en ese preciso instante.


De esa manera, nos dimos cuenta de lo poco agradecidos que somos con la vida. Con lo bueno y, sobre todo, con lo menos bueno que nos pasa. Hemos perdido la perspectiva y no somos conscientes de lo "cómodos" que vivimos. Sí, me refiero a personas como nosotros que no debemos cargar a nuestras espaldas con toneladas de ropa y objetos para poder subsistir. En Sudamérica pudimos ver muchas personas de poco más de metro y medio de altura, cargando fardos que les doblaban en tamaño y peso, por empinadas calles, cada día yendo y viniendo del mercado. O la bella estampa de la típica postal asiática, de esas personas con el sombrero de paja recogiendo arroz. Una imagen tan bonita como dura; esas personas se pasan media vida agachadas para, a duras penas, poder subsistir.


Nos da mucha rabia cuando la gente se queja sin motivo, cuando solo ven lo negativo sin agradecer lo mucho que tienen. Cuando un trabajo de 8 horas en una cómoda silla de oficina se convierte en una cruz tan grande que nos borra la sonrisa. Después de tanto tiempo viajando, uno de los mayores aprendizajes que tuvimos fue el ser agradecidos con lo que tenemos, sea mucho o poco. Todos podemos tener días malos, el ser humano está lleno de emociones que se manifiestan (a veces) involuntariamente. Si te sientes triste, enfadado, con rabia o dolor... siéntelo, deja que esa emoción salga y se manifieste. Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero en nuestra mano está el hacer que esa emoción que debería ser temporal se haga definitiva.

¿Por qué regocijarte en el dolor cuando puedes sonreírle a la vida? Seguro que si le dedicas un tiempo, consigues hacer una larga lista de motivos por los que sonreír y dar gracias. De hecho, estar vivo ya es un buen motivo, ¿no te parece? A nosotros se nos ocurren muchos: el amor (de nuestras familias, de nuestros amigos), tener un hogar donde refugiarnos, una cama donde dormir, salud,... Quizás nuestra cuenta bancaria está algo escuálida y eso nos limita el gasto de dinero, pero no nos impide salir a descubrir nuestra ciudad, hacer picnics en la playa, caminar por la montaña, reunirnos con amigos en casa,...

También podríamos estar tristes porque nuestro viaje terminó, y a veces lo estamos. Pero después pensamos en que no podríamos estar tristes si no hubiéramos viajado, recordamos lo maravilloso que fue y nos sentimos profundamente agradecidos de haberlo podido hacer.

Entonces ¿qué te parece? ¿te atreves a sonreír?

Hoy duermes en el sofá

Vaya frasecita, ¿no? ¿Quién no la asocia a una discusión de pareja? Bueno, no a una discusión cualquiera, si no a una discusión monumental. Aparentemente no puede tener ninguna connotación positiva: ser expulsado de lo que también es tu habitación, no dormir en tu cama (con lo agradable que es), y lo que es peor... sabiendo que al día siguiente, la salida del sol no borrará ese mal rollito.

Quizás te estás preguntando qué tiene que ver un tema como éste en un blog de viajes, porque si bien somos una pareja, ninguno de nosotros es psicólogo y sólo escribimos de lo que nos gusta: viajar. Ya verás, nada más lejos de lo que piensas.

En este post te hablaremos de una experiencia (generalmente) positiva y que se basa en compartir. Nos referimos a couchsurfing.

Qué es couchsurfing

Couchsurfing es una plataforma a través de la cual los usuarios ofrecen alojamiento, salir a tomar algo, enseñar el lugar donde viven, etc. a otras personas. No es obligatorio que quien solicita alojamiento lo ofrezca también en su lugar de residencia. No es un intercambio de casas ni hay dinero de por medio (a menos que específicamente el anfitrión lo ponga en su perfil, pero no es el espíritu de la plataforma).

Creemos que la mejor definición es que se trata de una web en la que puedes ponerte en contacto con gente que tiene intereses parecidos a los tuyos, entre ellos, viajar.

Lo positivo es que puedes leer el perfil de cada persona y sus referencias. Es decir, cuando alguien se aloja o conoce a alguno de sus miembros en persona, suele dejar una referencia (positiva, negativa o neutra) y con eso puedes contactarle con mayor tranquilidad. Si ves referencias negativas o neutras, léelas. No es justo, por ejemplo, que alguien indique en su perfil que si te aloja entre semana no te podrá dedicar tiempo debido a su horario laboral y luego le pongas una referencia negativa por ese mismo motivo.

Encuentro de couchsurfers en casa de nuestra anfitriona en Valdivia (Chile)

Rosario

Al haber pasado más tiempo del previsto inicialmente en Córdoba, tuvimos que acelerar un poco el ritmo del viaje, así que hicimos una visita rápida a Rosario. Tenemos que confesar que la parada en esa ciudad la dejamos en manos del destino. Nos dirigíamos rumbo a Buenos Aires y no queríamos pasar tantas horas en un autobús, así que mandamos un par de solicitudes de couchsurfing y decidimos que, si nos respondían, pararíamos ahí; de lo contrario, intentaríamos hacer el trayecto a la capital de una sola tirada (unas 10 horas, sin contar con los habituales retrasos).

Nuestra llegada a Rosario

Era por la tarde, ya a punto de oscurecer. Sebas y Vicky, nuestros anfitriones, nos dieron la dirección de su casa, así que apenas pusimos los pies en la ciudad, nos fuimos en busca de la parada de bus. La encontramos y nos subimos, confirmando con el conductor que era el bus correcto. Lo que no nos dijeron era que había que pagar el pasaje con el importe exacto, en monedas. ¡¡Y no teníamos!! Nos tocó preguntar a viva voz si alguien nos podía pagar con su tarjeta de transporte y nosotros le dábamos el dinero. Nos dio un poco de vergüenza, pero nos armamos de valor ante la posibilidad de que nos hicieran bajar y tuviéramos que ir caminando... cargados con las mochilas.

Varias personas se ofrecieron enseguida, pero al final nos lo pagó un chico, que no aceptó de ninguna manera que le diéramos el dinero. Nos conmovió tanta generosidad. Bueno, a nosotros nos conmovió, pero al resto de argentinos a quienes le explicamos esta anécdota les sorprendió de lo lindo, pues no se tienen por gente especialmente amable o altruista. Aunque también es cierto que, lamentablemente, hay gente que solo presta ayuda a los extranjeros... En fin, fue una bonita forma de empezar nuestra estancia en la ciudad.

Conseguimos llegar a casa de nuestros anfitriones. Al cabo de nada, Sebas nos llevó de paseo por la ciudad para que nos ubicáramos un poco. Caminamos hasta el Monumento Nacional a la Bandera, que vimos por fuera bellamente iluminado. Nos explicó que en ese mismo lugar, en 1812 (y por primera vez en la historia) Manuel Belgrano izó la bandera argentina con el aspecto que tiene actualmente.

Detalle nocturno del Monumento a la Bandera

Planificar un viaje largo... ¿por dónde empezar?

En este post intentaremos dar respuesta a una de las preguntas que más nos han hecho a lo largo de nuestro viaje:¿cómo decidisteis por dónde empezar?

Ya habíamos tomado la decisión de hacer un viaje largo y dar la vuelta al mundo. Lo que nos quedaba por decidir era en qué sentido. Saliendo de España... ¿hacia el este o el oeste?

Cada uno hizo un listado de los países a los que quería ir y los comparamos. Oscar quería empezar por la India y el Sudeste asiático, mientras que Javita apostaba por Sudamérica. Si nos sigues en el blog, ya sabrás cuál fue nuestra decisión. Tomamos en consideración varios motivos y es que pensábamos que un viaje de este tipo (mochilero, por más de un año) nos podía agotar y preferíamos empezar suave, por lo conocido. Como mínimo, el idioma es el mismo. Así sería una adaptación progresiva a nuestra nueva forma de vida.

A día de hoy, después de haber terminado el viaje y estar de vuelta desde hace unos meses, creemos que fue la decisión acertada. La otra opción, la de empezar por la India, se nos presentaba algo más compleja, pues no solo el idioma es distinto, hablamos de una forma de vida que nada tenía que ver con la nuestra. Nos pareció, en especial a Javita, un cambio demasiado drástico.

Una vez decididos a empezar nuestra aventura por el continente americano, empezamos a planear la ruta. Nos pareció una muy buena idea, casi que inmejorable, tener como primer destino Colombia, pues ahí se trasladó el amigo que nos presentó. Así que ya teníamos no solo el continente, si no el país donde empezaría nuestra gran experiencia.

Planificando un largo viaje
Hicimos algunos descartes por la gran inseguridad que se vivía en el momento, como Venezuela. Un país que sabemos es hermoso y que está en nuestra lista de "países pendientes". Así que puesta la primera banderita en Colombia y descartando uno de los países vecinos, el siguiente destino estaba claro: Ecuador. Decidimos seguir un orden más o menos lógico. Aunque en este caso, y nada más empezar, alteramos los planes. Estando en Medellín (Colombia) y hablando con nuestro couchsurfer del momento, decidimos desviarnos a Cuba. Después retomamos el viaje, siguiendo más o menos el itinerario inicial.

El retrasarnos más de lo pensado en un primer momento nos dio la posibilidad de pasar nuestro primer fin de año fuera de casa con la mamá de Javita, en Santiago de Chile. Así que, a pesar de no tener previsto llegar a Chile hasta unos meses más tarde, cambiamos de nuevo la ruta. Esto es lo positivo de no haber contratado un viaje cerrado.

La opción de un pasaje "round the world", con fechas y destinos concretos nos parece muy buena idea porque puede resultar más barato, pero solo si tienes un tiempo limitado. En nuestro caso, no hubiera funcionado y hubiéramos ido estresados. Nos gusta la libertad de decidir en el momento.